El denominado “caso lituano” constituye uno de los episodios más significativos de la relación entre China y la Unión Europea en los últimos años. Más allá de las dimensiones bilaterales del conflicto, puso de manifiesto tanto los límites de la autonomía de los Estados miembros para redefinir aspectos esenciales de la política hacia China como la disposición de Beijing a responder con contundencia cuando considera vulnerados principios que afectan a su soberanía e integridad territorial.
En 2021, el entonces gobierno lituano, sin una coordinación previa con sus socios europeos, decidió autorizar la apertura en Vilna de una Oficina de Representación de Taiwán. Lo verdaderamente novedoso no fue tanto el establecimiento de una representación taiwanesa -habitual en numerosos países bajo diferentes denominaciones- como el hecho de que incorporase expresamente el término “Taiwán” en lugar de recurrir a fórmulas como “Taipéi”, tradicionalmente empleadas para preservar el equilibrio con el principio de una sola China reconocido por la inmensa mayoría de los Estados.
Desde la perspectiva de Beijing, aquella decisión suponía cruzar una línea roja. El principio de una sola China constituye el fundamento político de sus relaciones diplomáticas con cualquier país, incluido el conjunto de los Estados miembros de la Unión Europea. Aunque la decisión lituana no implicaba un reconocimiento formal de Taiwán como Estado independiente, sí era interpretada por China como un intento de erosionar progresivamente ese consenso internacional.
La respuesta china fue inmediata y de gran alcance. Beijing retiró a su embajador en Vilna y exigió la salida del embajador lituano en China, reduciendo las relaciones diplomáticas al nivel de encargado de negocios. Paralelamente, suspendió diversos mecanismos de cooperación bilateral, interrumpió el servicio ferroviario directo de mercancías y estableció importantes restricciones comerciales sobre las exportaciones lituanas, incluyendo obstáculos administrativos y aduaneros que afectaron igualmente a empresas europeas que incorporaban componentes fabricados en Lituania. La disputa terminó trasladándose también al ámbito comunitario, hasta el punto de que la Unión Europea presentó una reclamación ante la Organización Mundial del Comercio al considerar que las medidas adoptadas por China constituían una práctica comercial discriminatoria.
Sin embargo, la estrategia lituana no produjo el efecto político que algunos de sus promotores esperaban. Ningún otro Estado miembro de la Unión Europea siguió el camino abierto por Vilna. Aunque numerosos gobiernos europeos han intensificado en estos años sus relaciones económicas, tecnológicas y parlamentarias con Taiwán, ninguno ha considerado oportuno modificar el delicado equilibrio construido durante décadas en torno al principio de una sola China mediante cambios en la denominación oficial de las representaciones taiwanesas. La ausencia de imitadores terminó convirtiendo a Lituania en un caso aislado dentro de la política europea hacia China.
Por su parte, las relaciones entre Vilna y Taipéi experimentaron un evidente acercamiento político. Taiwán respondió anunciando importantes instrumentos financieros, entre ellos un Fondo de Crédito para Europa Central y Oriental dotado con 1.000 millones de dólares y un Fondo de Inversión de 200 millones destinados a promover proyectos empresariales y tecnológicos en la región. Asimismo, aumentó la cooperación en ámbitos de alto valor añadido como los semiconductores, los láseres, la biotecnología, la salud o las finanzas, mientras el comercio bilateral mostró una evolución positiva, con un incremento significativo tanto de las importaciones taiwanesas procedentes de Lituania como de las exportaciones hacia el país báltico.
No obstante, el balance económico distó de satisfacer plenamente las expectativas creadas en Vilna. Diversos responsables políticos lituanos, incluida la primera ministra saliente, expresaron públicamente su frustración por el ritmo de materialización de las inversiones prometidas y por la limitada capacidad de compensar la pérdida del acceso privilegiado al mercado chino. Las críticas reflejaban una realidad incómoda evidenciando que el respaldo político de Taiwán tenía un elevado valor simbólico y estratégico, pero no resultaba suficiente para sustituir, al menos a corto plazo, el peso económico que representaban las relaciones con China continental.
Cambio político en Vilna
El cambio político producido en Lituania tras las elecciones de 2024 abre ahora una nueva etapa. La formación de un gobierno encabezado por el Partido Socialdemócrata y liderado por Mindaugas Sinkevičius apunta hacia una estrategia más pragmática, orientada a reducir la tensión con Beijing sin renunciar completamente a los vínculos establecidos con Taiwán. En este contexto se enmarca la decisión de suspender temporalmente las conversaciones sobre un nuevo proyecto de cooperación económica con Taipéi mientras se consolida la nueva coalición gubernamental.
Sin embargo, la normalización no será automática. Aunque el nuevo Ejecutivo ha manifestado su voluntad de restablecer canales de diálogo con China, no parece dispuesto, por el momento, a solicitar el cambio de denominación de la Oficina de Representación de Taiwán en Vilna, precisamente el elemento que originó la crisis. Para Beijing, esa cuestión mantiene un enorme valor político y simbólico. Resulta improbable que acepte una plena restauración de las relaciones sin algún gesto que interprete como una rectificación del precedente de 2021.
El caso lituano constituye así una advertencia para el conjunto de Europa. Demuestra que China está dispuesta a asumir costes diplomáticos y económicos significativos cuando considera comprometidos asuntos relacionados con la soberanía nacional y la cuestión de Taiwán. Al mismo tiempo, pone de relieve que, pese al creciente interés europeo por reforzar la cooperación con Taipéi, la mayoría de los gobiernos comunitarios siguen considerando que dicho acercamiento debe desarrollarse dentro del marco político establecido por el reconocimiento del principio de una sola China. Esa combinación de mayor cooperación práctica con Taiwán y mantenimiento del statu quo diplomático continúa siendo, hasta ahora, el consenso dominante en la Unión Europea.


Podes deixar aquí un comentario sobre o artigo