Elecciones locales en Taiwán: de la “ola Han” a la “ola Puma”, por Xulio Ríos

El 28 de noviembre, Taiwán celebrará unas elecciones locales que podrían deparar más de una sorpresa. Lo que inicialmente parecía una jornada relativamente favorable al Kuomintang (KMT), principal fuerza de la oposición, se está convirtiendo en una prueba mucho más incierta. El ascenso de Puma Shen, candidato del gobernante Partido Democrático Progresista (PDP) a la alcaldía de Taipéi, ha alterado las expectativas y alimentado las especulaciones sobre una posible “ola Puma”. La referencia evoca la “ola Han” de 2018, cuando Han Kuo-yu protagonizó una espectacular victoria en Kaohsiung y contribuyó a transformar el mapa electoral de la isla.

La comparación resulta sugerente, aunque conviene no anticipar acontecimientos. Las circunstancias son diferentes y la movilización que acompaña a una candidatura no siempre se traduce en votos. Pero el fenómeno merece atención, sobre todo porque emerge en un contexto que parecía poco propicio para el partido gobernante.

Una sorpresa en el campo verde

La campaña de Puma Shen ha introducido un elemento de incertidumbre en una contienda que el alcalde en funciones, Chiang Wan-an, del KMT, parecía tener encarrilada. La movilización de simpatizantes, la apertura de su cuartel electoral con el respaldo del presidente Lai Ching-te y de la expresidenta Tsai Ing-wen, y las primeras caravanas de campaña han dado visibilidad a una candidatura que aspira a romper la tradicional dificultad del PDP para conquistar la capital. La campaña de Shen ha comenzado a convertir una competición aparentemente desequilibrada en una disputa mucho más abierta en la que también ha podido influir el recital de sanciones impuesto a él y su familia por su “obstinación independentista”.

La evolución de las encuestas ha reforzado esa impresión. En Nuevo Taipéi, la candidata del PDP, Su Chiao-hui, aventajó en 13,1 puntos porcentuales a su rival del KMT, Lee Shu-chuan, en un sondeo publicado el 14 de octubre. Días después, una encuesta de la Taipei Trust in Democracy Association (TTDA) situó a Shen por delante de Chiang en Taipéi, con un 50,3 % frente al 33,3 %. Estos resultados contrastan con sondeos anteriores más favorables al alcalde y apuntan a una campaña en movimiento, aunque las diferencias entre encuestadoras aconsejan prudencia.

La controversia tampoco ha tardado en aparecer. Los vínculos de la TTDA con Robert Tsao, fundador de United Microelectronics Corporation y simpatizante de la campaña de revocación masiva de 2025, han suscitado críticas desde sectores del campo panazul. La discusión sobre la independencia de las encuestas forma parte, por tanto, de la propia batalla política. Sin embargo, cuestionar una fuente demoscópica no basta para descartar una tendencia que deberá contrastarse con nuevos sondeos, la evolución de las preferencias y, finalmente, el resultado electoral.

El enigma de la política taiwanesa

Lo verdaderamente interesante es que esta posible recuperación del PDP se produce después del fracaso de la campaña de revocaciones contra legisladores opositores en 2025. Aquella iniciativa pretendía modificar la correlación de fuerzas parlamentarias y reducir la capacidad de bloqueo del KMT. Su fracaso parecía confirmar las dificultades del partido de Lai para convertir su posición en la presidencia en una mayoría política efectiva.

A ello se añade el acercamiento entre el KMT y el Partido Popular de Taiwán (PPT), cuya cooperación puede reforzar al campo opositor tanto en el Yuan Legislativo como en determinadas contiendas locales. La parálisis institucional, las disputas presupuestarias y el enfrentamiento entre la presidencia y la mayoría opositora han alimentado, además, las dudas sobre la capacidad de gobernar del PDP.

¿Por qué, entonces, se abre ahora esta ventana de oportunidad para los verdes?

Una primera explicación podría encontrarse en el agotamiento de la confrontación política. El fracaso de las revocaciones no significa necesariamente que el electorado haya otorgado un respaldo general al KMT ni que sus votantes estén satisfechos con el funcionamiento de las instituciones. Del mismo modo, la dificultad de Lai para impulsar su agenda no implica que los candidatos locales del PDP deban pagar automáticamente el precio de ese bloqueo.

Una segunda hipótesis apunta a la naturaleza de las elecciones locales. Aunque la identidad partidista y las relaciones entre ambas orillas del estrecho siguen pesando en la política taiwanesa, los votantes también valoran la gestión urbana, los servicios públicos, la vivienda, el transporte y la calidad de vida. Una candidatura capaz de combinar identidad política, renovación y propuestas concretas puede encontrar espacios de crecimiento incluso en un contexto nacional adverso.

Por último, el ascenso de Shen podría reflejar una dinámica de movilización que trasciende su candidatura. Cuando una campaña empieza a transmitir la impresión de que la victoria es posible, puede atraer a votantes inicialmente indecisos, estimular la participación y modificar las expectativas de otros candidatos. En ese sentido, una ola electoral no es únicamente una suma de preferencias individuales, es también un fenómeno de percepción colectiva.

La lección de 2018

La “ola Han” constituye un precedente especialmente útil. En 2018, Han Kuo-yu conquistó la alcaldía de Kaohsiung, hasta entonces uno de los principales bastiones del PDP. Su éxito se convirtió en un fenómeno a lo largo de toda la isla y contribuyó a que el KMT pasara de gobernar seis a gobernar quince de las entonces principales ciudades y condados. La victoria local se transformó así en una impugnación política mucho más amplia.

La eventual “ola Puma” podría seguir una trayectoria inversa, pero no necesariamente reproducirla. Shen no es Han y el contexto de 2026 tampoco es el de 2018. El candidato verde necesita demostrar que su capacidad de movilización puede traducirse en una alternativa municipal convincente y no limitarse a convertirse en un símbolo de resistencia frente a la oposición.

La extensión de la tendencia a otras ciudades y condados será decisiva. Si el PDP mejora sus expectativas en Nuevo Taipéi y consigue disputar otras plazas relevantes, el fenómeno adquirirá una dimensión más amplia. Si, por el contrario, el entusiasmo se concentra en Taipéi, podría terminar siendo una campaña llamativa sin consecuencias determinantes para el equilibrio general de fuerzas.

Una elección local con implicaciones

El 28 de noviembre se elegirán cargos en las 22 ciudades y condados de Taiwán, en unos comicios que abarcan desde alcaldías y magistraturas de condado hasta numerosos puestos representativos locales. La magnitud de la convocatoria convierte estas elecciones en algo más que un examen de gestión municipal. Serán también una medida de la capacidad de movilización de los partidos, de la solidez de la cooperación entre el KMT y el PPT y del margen político del que dispone Lai Ching-te. En 2028 habrá elecciones presidenciales.

Para el PDP, una recuperación significativa permitiría cuestionar la idea de que el bloqueo institucional y el fracaso de las revocaciones han dejado al partido sin iniciativa. Para el KMT, una victoria amplia confirmaría que el desgaste del Gobierno puede transformarse en apoyo electoral. Y para el PPT, el resultado ofrecerá indicios sobre el valor y los límites de su cooperación con los nacionalistas.

La campaña de las próximas semanas será, por ello, fundamental. No solo porque pueda decidir quién gobierna Taipéi, sino porque permitirá comprobar si la política taiwanesa está entrando en una nueva fase de recomposición.

De la “ola Han” a la “ola Puma” hay algo más que una inversión de colores. Está en juego la capacidad de convertir el descontento en movilización, la movilización en votos y los votos en una nueva correlación de fuerzas. Por ahora, la ola existe sobre todo como expectativa. El 28 de noviembre sabremos hasta dónde alcanza.


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