El papel del EPL en la modernización china, por Xulio Ríos

Con el horizonte a la vista de la conmemoración del primer centenario de su fundación en 2027, el Ejército Popular de Liberación (EPL) debe ser objeto de una ponderación de su trayectoria. El balance inicial es que no es sólo un beneficiario de la modernización china; ha sido simultáneamente instrumento, laboratorio y destinatario de ella. Incluso podría sostenerse que la historia de la modernización del EPL refleja, en buena medida, las distintas concepciones de modernización del propio país.

  • Del ejército revolucionario al ejército de un país que quiere modernizarse

En 1949 China hereda un Ejército extraordinariamente eficaz para la guerra revolucionaria, pero muy alejado de los estándares de una gran potencia militar industrial. La primera tarea es, por tanto, convertirlo en un ejército moderno. En los años cincuenta, con fuerte asistencia soviética, se desarrolla una estructura militar convencional, con academias, cuadros profesionales, industria de defensa, aviación, marina, artillería, logística, doctrina y armamento moderno.

    Pero Mao introduce una tensión que nuclea todo el tránsito del modelo chino: ¿Modernizar significa imitar al ejército soviético o construir un ejército adaptado a las condiciones chinas? La respuesta acaba siendo la segunda. La experiencia de la guerra popular, la dimensión territorial de China y la movilización de masas siguen siendo componentes importantes.

    • Las “cuatro modernizaciones” y la paradoja militar

    Con Deng surge un cambio decisivo. En 1978, las Cuatro Modernizaciones formuladas inicialmente en 1964 -agricultura, industria, ciencia y tecnología, y defensa nacional- pasan a constituir el gran programa de transformación del país. La modernización militar deja de concebirse aisladamente y pasa a depender de la modernización económica y tecnológica general.

    En ese contexto, Deng reduce el peso político del Ejército precisamente para hacerlo más moderno. Entonces, el EPL debe dejar de ser un ejército de masas relativamente poco sofisticado y convertirse progresivamente en una fuerza profesional, tecnológicamente avanzad,  mejor formada, más pequeña, mejor equipada y capaz de operar con sistemas de armas modernos. Esto explica las sucesivas reducciones de efectivos desde los años ochenta.

    Pero la consecuencia más importante es que la modernización militar empieza a depender de la modernización civil.

    • El EPL como receptor de la modernización tecnológica

    Durante la etapa denguista, China empieza a entender que no puede disponer de unas Fuerzas Armadas modernas si no dispone previamente de una economía, una industria y una base científica modernas. De ahí la creciente conexión entre universidades,  industria, investigación, tecnología y defensa. Es una evolución que desemboca en el concepto actual de integración civil-militar.

    El objetivo no consiste simplemente en que las empresas civiles vendan productos al Ejército. Es mucho más ya que se trata de hacer que la misma base científica, industrial y tecnológica pueda alimentar simultáneamente el desarrollo económico y las capacidades militares.

    La estrategia oficial contempla compartir infraestructuras, estándares, información, investigación, talento y recursos entre los sectores civil y militar.

    • El cambio radical con Xi

    Aquí la modernización del EPL deja de ser una cuestión sectorial y se integra en la propia concepción de “modernización china”. Xi Jinping plantea un Ejército que no sea simplemente grande, sino fuerte, tecnológico, informatizado, conjunto y capaz de operar en dominios nuevos.

    La reforma de 2015-2016 es fundamental porque transforma simultáneamente aspectos como la organización, el mando, la tecnología, el personal o la industria militar.

    Se crean los cinco comandos de teatro, se disuelven los cuatro grandes departamentos tradicionales y sus funciones pasan a 15 organismos bajo control directo de la CMC; se crea la Fuerza de Cohetes y la Fuerza de Apoyo Estratégico; se reduce el peso relativo del Ejército de Tierra y se orienta el conjunto hacia operaciones conjuntas.

    Esto es mucho más que una reforma administrativa. Es el intento de pasar del ejército de masas al ejército de sistemas. Es decir, de medir la potencia fundamentalmente por el número de soldados a medirla por la combinación de información, sensores, mando, inteligencia, comunicaciones, precisión, logística y capacidad conjunta.

    • La modernización militar como parte de la modernización nacional

    Esta conexión es especialmente visible hoy. La política de integración civil-militar busca que los avances de la economía civil -inteligencia artificial, espacio, comunicaciones, semiconductores, robótica, navegación, tecnologías digitales- puedan alimentar las capacidades de defensa, y viceversa.

    La legislación china establece explícitamente la integración civil-militar como principio del sistema de investigación y producción de defensa, junto con la innovación y el desarrollo independiente y controlable.

    Y los documentos actuales de planificación siguen profundizando esa lógica alentando la integración entre las “nuevas fuerzas productivas” y las “nuevas capacidades de combate”, así como el desarrollo conjunto de industrias, ciencia y tecnología e infraestructuras.

    En China, la modernización militar no es simplemente modernizar el Ejército, es militarizar parcialmente las capacidades de una economía moderna sin convertir la economía en una economía militarizada.

    • El EPL como acelerador tecnológico

    Esto permite introducir otra dimensión. El EPL ha sido históricamente un gran demandante de tecnologías avanzadas y un estímulo para determinadas industrias estratégicas. Pero con Xi la relación se hace más sistémica estableciendo el objetivo de que la innovación tecnológica civil pueda ser rápidamente convertida en capacidad militar. La propia estrategia oficial habla de integrar innovación científica y tecnológica civil y militar y de utilizar las capacidades de investigación y producción de ambos sectores.

    Por eso las áreas que China considera estratégicas para su modernización económica tienen también una dimensión de seguridad, incuyendo inteligencia artificial, espacio, computación, tecnologías cuánticas, comunicaciones, sistemas autónomos, robótica, biotecnología, nuevos materiales, energía o ciberespacio.

    Esto explica también por qué la frontera entre política industrial, política tecnológica y política de defensa es mucho más porosa en China que en una concepción convencional de modernización militar.

    7. Una evolución conceptual profunda

    Cabría resumirla en cuatro fases:

    Mao propone una modernización para hacer posible la revolución. En este sentido, el Ejército debe ser capaz de sobrevivir y vencer en una guerra revolucionaria y, posteriormente, defender el nuevo Estado.

    Por su parte, Deng sugiere una modernización para acompañar el desarrollo económico. El Ejército acepta esperar, de forma que primero se moderniza la economía, después podrá modernizarse plenamente la defensa.

    Con Jiang/Hu, la consigna es modernización mediante tecnología e informatización. El EPL comienza a abandonar definitivamente el modelo de ejército de masas y a prepararse para guerras tecnológicas.

    Xi, finalmente, promueve una modernización militar integrada en la modernización nacional. La frontera entre economía, ciencia, industria y defensa se vuelve mucho más estrecha. La modernización militar forma parte del proyecto de convertir a China en una potencia integral.

    El Ejército fue primero una condición de la revolución; después, una institución que debía esperar a que la economía se modernizara; finalmente, se ha convertido en uno de los motores y beneficiarios de una modernización tecnológica concebida como proyecto nacional integral.

    Coda

    La modernización del EPL no significa occidentalización de sus relaciones con el poder político. Cuanto más profesional, tecnológico y sofisticado se vuelve el Ejército, más insiste el sistema en que esa profesionalización no debe traducirse en autonomía política.

    La reforma de Xi busca precisamente esas dos cosas a la vez, es decir, lograr la máxima profesionalización militar pero también máxima subordinación al Partido.

    La documentación oficial de la reforma de 2015 lo expresa con claridad: construir unas fuerzas armadas modernas y capaces de combatir, pero “leales al PCCh” y bajo su dirección.

    Y los documentos más recientes mantienen esa combinación, apuntando a una modernización mediante reforma, ciencia y tecnología y formación de personal, pero simultáneamente asegurando la dirección absoluta del Partido y responsabilidad última del presidente de la CMC.

    La historia del EPL puede leerse entonces como una doble evolución paralela, desde la concepción de un ejército revolucionario a otro moderno y, simultáneamente, de una relación Partido-Ejército inicialmente simbiótica a un sistema mucho más sofisticado de control partidario sobre una fuerza militar altamente profesional.

    China no quiere elegir entre un ejército moderno y un ejército del Partido; su particularidad consiste precisamente en construir ambas cosas al mismo tiempo.


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