- ¿Cree que la rivalidad entre China y Estados Unidos y las tensiones recientes encajan realmente en el modelo de la Trampa de Tucídides (TT) o existen factores del siglo XXI —como la interdependencia económica o la disuasión nuclear— que lo hacen insuficiente?
Yo diría que relativamente. Es decir, la TT es útil para ejemplificar la rivalidad pero quizá no tanto para expresar las dinámicas asociadas o vaticinar con fiabilidad su desenlace. El riesgo es aceptar la formulación de modo acrítico, incluso asumiendo que la transición de poder debe ir inevitablemente por ahí… Es decir, hay competencia, hay ascenso y hay declive, todo ello en diferentes magnitudes, pero hay también factores contemporizadores que amortiguan la rivalidad. Pensemos en la proyección de las armas nucleares, claro, que representan una amenaza de destrucción total, por ejemplo.
Pero además, con respecto a escenarios anteriores, en el siglo XXI, más allá de lo militar existen otros factores a considerar, desde los avances tecnológicos a los minerales críticos, capacidades industriales, y un vasto etc. Esa interdependencia económica es un instrumento de poder que reconduce la competencia a otros umbrales sin necesidad de una guerra abierta y, ojo, sin que la cooperación predomine de forma permanente, aunque pueda darse en ciertos ámbitos.
Por tanto, me parece insuficiente para explicar los intríngulis de la competencia o transición de poder que hoy protagonizan EEUU y China. Ni es de forma absoluta TT ni es una reedición de la Guerra Fría como también se quiso apuntar en algún momento reciente. En realidad, es una rivalidad que se prolongará en el tiempo y en la que lo aprendido sirve como advertencia para no verse predestinados a ese fin.
- ¿Cómo interpreta el liderazgo chino el concepto de Trampa de Tucídides? ¿La considera una advertencia útil para evitar el conflicto o una narrativa que puede terminar reforzando la percepción de una confrontación inevitable?
El liderazgo chino ni cree ni acepta la TT, aunque sí admite su sentido de advertencia y apela a mimar la percepción estratégica mutua para evitar los errores de cálculo. El propio Xi ha dicho más de una vez que la TT no es una inevitabilidad histórica.
Por eso también China insiste por activa y por pasiva en que su ascenso es pacífico y que no debe interpretarse como dirigido contra EEUU. En los encuentros políticos bilaterales y en la academia se insiste mucho en esa idea de tener una “correcta percepción estratégica” para evitar que la mera hipótesis pueda convertirse final e inevitablemente en realidad, en una especie de profecía autocumplida. Porque, dicen, no creen ni desean el enfrentamiento.
No es destino inevitable, pero si es riesgo perceptible. Por eso la rivalidad y la competencia deben encararse de forma estratégica y constructiva para evitar que prime la confrontación.
El otro eje de la reflexión china es la indicación preventiva de sus intereses fundamentales, las líneas rojas (Taiwán, modelo político, opción de desarrollo…) que EEUU no debe cruzar porque aquí no habría margen para la negociación; en todo lo demás, se puede cooperar, dice.
El propio Wang Huning se lo explicó a G. Allison hace un par de años, coincidiendo ambos en la necesidad de observar esos quitamiedos para evitar el escenario trágico de la TT.
- Algunos académicos critican la Trampa de Tucídides por simplificar excesivamente procesos históricos muy distintos entre sí y por asumir que las transiciones de poder siguen patrones recurrentes. ¿Hasta qué punto considera válidas estas críticas cuando se aplican al ascenso de China?
Algunos críticos (Hanania, p.e.) han señalado cierto sesgo en la selección en los casos estudiados u omisión de variables que consideran relevantes. Incluso se sugiere que la “trampa” no es de Tucidides sino de Allison, porque la del primero es mucho más compleja. Aunque se basa en ella, la habría simplificado para presentar una ecuación final de impacto.
Pero la cuestión que me parece clave en el caso chino es que hablar de potencia “en ascenso” habría que matizarlo. No es emergente en sentido histórico, sino en todo caso “reemergente”. El proceso chino apunta a la recuperación de la grandeza perdida, a poner “las cosas en su lugar” tras dos siglos de extravío en virtud de la humillación infligida por los imperialismos del siglo XIX. No hay énfasis obsesivo de sustitución de la hegemonia USA, no es ese su propósito, sino el “rejuvenecimiento” como dice el xiismo, la modernización, etc, culminando los debates de finales de la dinastía Qing.
Por otra parte, tampoco se trata de una rivalidad exclusiva entre dos, sino que el escenario es más amplio. No es bipolaridad, es multipolaridad, hay más actores en juego, desde Rusia a Japón, India, Brasil y el Sur Global, incluso la desmejorada UE… y en un contexto de inflexión tecnológica….
Pero a pesar de las críticas, a la TT le veo la utilidad como advertencia, como metáfora de los peligros asociados al actual momento histórico. Si Occidente y EEUU leen mal el auge de China, y somos incapaces de domesticar la tensión, el riesgo derivado de esa ansiedad y temor puede llegar a ser alto.
- La teoría de Allison se inspira en la rivalidad entre Atenas y Esparta, pero también en otros cambios de hegemonía a lo largo de la historia. Como estudioso de China, ¿qué precedentes históricos (si lo hubiera) considera más útiles para entender la relación entre Pekín y Washington: la Alemania guillermina frente al Reino Unido, la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, o algún ejemplo específicamente asiático?
Cada precedente tiene sus singularidades y matices. El de Alemania y Reino Unido se acerca mucho a la lógica de Allison. También la Guerra Fría nos alerta de los riesgos pero igualmente de las capacidades para evitar la guerra abierta aunque no por terceros. En el entorno asiático, puede ser útil la relación entre China y Japón desde Shimonoseki (1895) al final de la II GM. Hay una primera etapa de transición de poder, con China en declive y Japón en alza que derivó en una transformación significativa del orden regional construido durante siglos. Hay una clara desaparición de la primacía china en beneficio de Japón. Sin embargo, la experiencia del Japón posterior a 1945, convirtiéndose en una potencia económica bajo la protección estratégica USA no derivó en un intento de transformación de ese poder en una contestación del orden liderado por Washington. Todo lo contrario
Lo que quiero decir es que el ascenso económico de una potencia asiática no conduce automáticamente a una confrontación hegemónica. el ascenso del poder económico de Japón fue crítico en un primer tiempo y constructivo en un segundo. No hay paradigmas automáticos, hay contextos y matices que es necesario ponderar.
Esto creo que es importante porque, aunque China no es Japón, evidentemente, en muchos sentidos, el precedente asiático nos sugiere transcender la pregunta habitual en Occidente que plantea Allison en su TT…. No es solo el prisma del conflicto entre potencia ascendente y amenazada, sino que en este caso no se trata tanto de conquistar hegemonía según nuestra dinámica como de volver a recuperar las posiciones perdidas…. es un matiz que afecta a la naturaleza de la rivalidad.
No solo hay lógica de poder, hay también una lógica de “recuperación” o “rejuvenecimiento”. Esto revela dos interpretaciones distintas y dos contextos históricos del sistema internacional.
En suma, la relación China-Estados Unidos no es una nueva Atenas-Esparta, ni una nueva Guerra Fría, ni una repetición de la rivalidad anglo-germana. Es una combinación inédita de transición de poder, rivalidad estratégica, interdependencia económica y competencia tecnológica, desarrollada además en un Asia cuyo orden histórico China interpreta desde una perspectiva de recuperación del poder nacional que protagonizó durante cientos de años hasta la llegada del “siglo de humillación”.
Para comprender la perspectva de China necesitamos valorar como ella se considera a sí misma históricamente central y entiende su ascenso no como una conquista de hegemonía, sino como la recuperación de una posición perdida sin alentar necesariamente una visión mesiánica. El que lo veamos asi o como un intento de “destronamiento” del actual hegemón es la clave para orientarse estrategicamnete en la gestión y solución del desafio orillando la TT.


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