Entrevista con EFE sobre la quinta sesión plenaria del CC del PCCh

  1. ¿Por qué se dedica este pleno a la disciplina interna? ¿Qué problemas de funcionamiento o de cumplimiento de las órdenes de la dirección busca resolver?

La elección del tema resulta algo anómala en la secuencia tradicional de los plenos, probablemente porque el cuarto ya aprobó las recomendaciones del XV Plan Quinquenal. Mi impresión es que refleja la conciencia de que China afronta una etapa decisiva de su modernización, cuyo éxito exige un Partido cohesionado, disciplinado y plenamente comprometido con los objetivos trazados. Se trata de reforzar la capacidad de la dirección para hacer cumplir sus decisiones, corregir inercias burocráticas, combatir la corrupción y evitar que el oportunismo, el localismo o la falta de iniciativa desvirtúen las prioridades centrales. En definitiva, un Partido permanentemente en estado de revista, con todos sus efectivos en formación y máxima alerta, capaz de afrontar con garantías el último tramo hacia la modernización prevista para 2035.

2. Tras casi catorce años de campaña anticorrupción, siguen cayendo altos cargos. ¿Podría ser un síntoma de que la corrupción está profundamente arraigada? ¿Hasta qué punto considera que la campaña también puede utilizarse para apartar a adversarios políticos?

La corrupción -el “proyectil almibarado” del que advertía Mao- es una constante en muchas sociedades y China no constituye una excepción. Aquí no se ignoran los efectos desestabilizadores en muchos lugares del planeta. La persistencia de las investigaciones tras casi catorce años de campaña revela que el problema tiene raíces profundas y no puede darse por resuelto. Sin embargo, la magnitud del proceso impulsado por Xi Jinping va mucho más allá de la hipotética eliminación de adversarios políticos alcanzando a todos los niveles de la gobernanza, desde las altas esferas hasta las estructuras de base.

Esto no excluye que la campaña pueda servir también para neutralizar redes de poder o reforzar la autoridad de Xi. Pero reducirla a una purga de adversarios sería insuficiente. La corrupción, disciplina política y capacidad de ejecución de las directrices centrales aparecen cada vez más entrelazadas.

3. ¿Hasta qué punto puede interpretarse este pleno como una preparación del terreno para otro mandato de Xi Jinping en el XXI Congreso, previsto para dentro de un año?  

Sin duda, este pleno abre la cuenta atrás hacia el XXI Congreso del PCCh, previsto para 2027, y puede interpretarse también como parte de la preparación política y organizativa de esa cita. Salvo imponderables, cabe esperar que Xi Jinping, que entonces tendrá 74 años, continúe al frente del Partido y del Estado. La ausencia de un sucesor claramente designado refuerza esa perspectiva, aunque no permite darla por segura.

El horizonte de 2035 añade una dimensión estratégica ya que el xiísmo ha situado en esa fecha la culminación de la modernización socialista “en lo fundamental”, el tercer paso de la hoja de ruta formulada por Deng Xiaoping. Asegurar la continuidad del liderazgo permitiría a Xi dirigir una parte sustancial de ese proceso. La cuestión de fondo no es solo si buscará un cuarto mandato, sino si pretende prolongar su liderazgo hasta aproximarse a ese horizonte de 2035, aunque por ahora esto último pertenece al terreno de la hipótesis.


 4. ¿Qué consecuencias puede tener el refuerzo de la disciplina interna para la cuestión sucesoria? ¿Cómo afecta la ausencia de un sucesor visible a la preparación del XXI Congreso del año que viene y a la continuidad de Xi al frente del partido, el Estado y las fuerzas armadas?

El refuerzo de la disciplina no parece responder a una cuestión sucesoria inmediata, aunque puede contribuir a preparar el terreno para el XXI Congreso. Ding Xuexiang, el más joven del sanedrín, nacido en 1960, podría ser una figura a observar, pero todavía no hay indicios concluyentes de que se le esté señalando como sucesor. El horizonte político de los demás miembros del Comité Permanente también parece limitado por razones generacionales.

A mi juicio, la cuestión de fondo es más cualitativa. La disciplina afecta al modelo de Partido, a la gobernanza y a la legitimidad del sistema. Cabe pensar que existe preocupación por el compromiso ideológico de las nuevas generaciones de cuadros y por su fidelidad al proyecto original. De ahí la insistencia en reforzar la cohesión, la obediencia y la coherencia política, garantizando que el PCCh mantenga su identidad y capacidad de dirección a medida que se aleja de sus orígenes revolucionarios.

Se quiere dar forma a un PCCh y un modelo de gobierno que preserve no solo la capacidad de ejecución sino también la continuidad estratégica. Más allá de la coyuntura del quinto pleno, ahí está una de las claves para comprender esta evolución del PCCh y del modelo de gobernanza chino en una etapa muy caracterizada internamente como “decisiva” y en la que nadie se puede despistar.

(27-10-2026


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