El siglo de la reunificación: ocho tesis sobre China

A propósito de “El gran siglo de China. Las fronteras que pueden cambiar el orden mundial”, de Xulio Ríos  (Icaria, 2026)

  1. En los próximos 25 años, la agenda de la política china tendrá dos grandes frentes abiertos y estrechamente relacionados. De una parte, culminar la modernización, completando su transformación económica, social, tecnológica, militar y cultural. De otra, cerrar los círculos abiertos por el llamado “siglo de humillación” y las fracturas históricas que lo acompañaron. Una cosa resulta inseparable de la otra. Para Beijing, la modernización sin reunificación estará siempre incompleta. La cuestión territorial no constituye, por tanto, un capítulo más de la modernización china, sino que representa, en muchos aspectos, la medida última de su culminación histórica.

2. Para Beijing, la reunificación constituye una pieza central del “rejuvenecimiento de la nación china”. Hong Kong y Macao representan procesos de recuperación de la soberanía formalmente resueltos, aunque su integración plena en el proyecto estatal siga planteando tensiones, dificultades y debates sobre el alcance del principio de “un país, dos sistemas”.

3. Taiwán, en cambio, permanece como el gran asunto pendiente. En él confluyen algunas de las principales fracturas de la historia contemporánea de China: la memoria de la guerra sino-japonesa, la guerra civil, la Guerra Fría, la rivalidad sino-estadounidense, la consolidación o no de identidades diferenciadas y las distintas concepciones sobre el futuro político de la isla. Por ello, Taiwán no es únicamente una cuestión territorial: concentra buena parte de las dimensiones históricas, identitarias, estratégicas y nacionales del proyecto de rejuvenecimiento chino.

4. Hong Kong, Macao, Taiwán y los distintos contenciosos marítimos forman parte, aunque con naturaleza y circunstancias muy diferentes, de un mismo tablero estratégico en el que convergen memoria histórica, soberanía, identidad, seguridad, modernización y proyecto nacional. No son problemas equivalentes ni responden a una misma lógica, pero todos ellos se inscriben en la definición de los límites y del espacio de actuación de una China que aspira a culminar su ascenso como expresión de la revitalización, de la recuperación de la grandeza perdida, catapultándola a la supremacía global.

5. La reunificación, con profundas reminiscencias históricas, está omnipresente en el discurso político chino y forma parte de la narrativa del rejuvenecimiento nacional. Para el Partido Comunista de China, constituye un interés esencial, una línea roja y una ambición que no admite renuncia. Precisamente por ello, la cuestión no puede entenderse únicamente en términos de estrategia militar o de equilibrio de poder: posee una dimensión política y simbólica que condiciona profundamente el margen de maniobra de sus dirigentes.

6. Los riesgos de este proceso derivan de la firmeza de las posiciones sostenidas por los distintos actores, de la creciente importancia estratégica del espacio de Asia-Pacífico y de la progresiva inserción de estos conflictos en la competencia entre las grandes potencias. La cuestión territorial deja así de ser exclusivamente regional para adquirir una dimensión sistémica, incrementando las posibilidades de fricción y haciendo que cualquier crisis pueda tener consecuencias mucho más allá de su escenario inmediato.

7. El principal desafío para China consiste en evitar que la legítima aspiración a superar los problemas heredados de la historia termine generando nuevas dinámicas de confrontación capaces de comprometer la estabilidad regional e internacional y, en último término, de perjudicar el propio proceso de modernización. El éxito del rejuvenecimiento no dependerá únicamente de la capacidad para alcanzar los objetivos nacionales, sino también de hacerlo de forma compatible con un entorno internacional estable. La reunificación, en este sentido, plantea a China una paradoja: cuanto más central es para su proyecto histórico, mayor es también la necesidad de gestionar sus riesgos con prudencia.

8. En las últimas décadas, China ha podido resolver mediante la negociación y el diálogo la práctica totalidad de sus principales contenciosos fronterizos terrestres. Esa trayectoria constituye un precedente relevante y debería ser culminada ahora alentando fórmulas pacíficas para los problemas aún pendientes. La historia reciente demuestra que firmeza y negociación no son necesariamente términos contradictorios. Para China, el verdadero éxito consistiría en culminar su proyecto de modernización y reunificación sin convertir la resolución de las fracturas del pasado en el origen de nuevas fracturas en el futuro. Si la reunificación es para China una condición de culminación histórica, la forma en que se alcance será tan importante como el hecho mismo de alcanzarla.


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