Bien es sabido que la modernización china tiene un reverso esencial: la reunificación. El EPL no es el sujeto de la reunificación, pero constituye su principal garantía coercitiva y, por tanto, una pieza estructural de la estrategia de Beijing hacia Taiwán, la gran asignatura pendiente. Además, cabe enfatizar esa evolución histórica desde el propósito de intentar conquistar Taiwán por la fuerza a construir una capacidad militar cuya existencia permita, precisamente, intentar evitar que la reunificación tenga que hacerse por la fuerza.
El EPL y la cuestión de Taiwán nacen prácticamente juntos
Desde 1949, la cuestión de Taiwán forma parte de la razón de ser estratégica del EPL. Tras la derrota del Kuomintang y su retirada a la isla, la República Popular no consiguió culminar la guerra civil. Durante los primeros años, la prioridad fue, efectivamente, preparar la conquista militar de Taiwán. La guerra de Corea y la intervención estadounidense en el estrecho alteraron radicalmente el escenario. La Séptima Flota estadounidense pasó a impedir una confrontación directa y el problema quedó congelado.
Esto tiene la importante consecuencia de que Taiwán se convierte en el principal conflicto territorial no resuelto de la revolución china. Por eso, durante décadas, la modernización del EPL tuvo también una dimensión taiwanesa, aunque no siempre explícita.
De la reconquista militar a la estrategia de disuasión
Con Deng Xiaoping se produce un cambio conceptual fundamental. La normalización con Estados Unidos, el desarrollo de los intercambios con Taiwán y la formulación de “un país, dos sistemas” desplazan el centro de gravedad desde la conquista militar hacia la reunificación pacífica. El propio Libro Blanco de 2022 presenta la vía pacífica como la primera opción de Beijing y señala que la fuerza quedaría como último recurso ante determinadas circunstancias.
Pero esto no significa que el EPL pierda importancia. Al contrario. Su función cambia de instrumento para realizar directamente la reunificación a mecanismo para hacer creíble que la separación no puede convertirse en una situación irreversible. Es la lógica de la disuasión. Y cuanto más se insiste oficialmente en la reunificación pacífica, más importante resulta disponer de una capacidad militar suficiente para respaldarla.
El EPL como “seguro” de la política de reunificación
Desde esta perspectiva, conviene distinguir tres funciones. Primera, disuadir la independencia formal de Taiwán. La existencia de una capacidad militar china creciente pretende elevar el coste de cualquier intento de modificar unilateralmente el statu quo.
Segunda, disuadir la intervención exterior. Este elemento se vuelve cada vez más importante. Para Beijing, el problema no es exclusivamente Taiwán, sino la posibilidad de que la isla se convierta en plataforma de intervención de una potencia externa. El Libro Blanco de 2022 vincula expresamente la cuestión de la reunificación con la oposición a la interferencia exterior.
Tercera, conservar una opción militar. Beijing no renuncia al empleo de la fuerza. La posición oficial establece que sería un último recurso, pero mantiene abierta esa posibilidad frente a determinadas circunstancias.
Por tanto, el EPL funciona simultáneamente como disuasión, seguro estratégico y último recurso.
Taiwán es inseparable de la modernización del EPL
La transformación del EPL desde los años noventa no puede entenderse sin el escenario del estrecho. La crisis de 1995-1996 fue especialmente reveladora. China pudo comprobar la enorme distancia existente entre sus capacidades militares y las estadounidenses. La demostración de poder naval y aéreo de Estados Unidos alrededor de Taiwán tuvo un impacto considerable en la planificación militar china.
Desde entonces, una de las grandes preocupaciones del EPL ha sido desarrollar capacidades que permitan negar o dificultar la intervención de fuerzas externas en el entorno de Taiwán.
De ahí la importancia adquirida por aspectos como los misiles balísticos y de crucero o las capacidades antibuque, la aviación avanzada, los submarinos, la defensa aérea, la guerra electrónica, el ciberespacio, el espacio y satélites, la inteligencia, vigilancia y reconocimiento, el mando y control o las operaciones conjuntas.
Es decir, la cuestión taiwanesa ha sido uno de los grandes catalizadores de la transformación del EPL en una fuerza de alta tecnología.
Con Xi, la reunificación adquiere una dimensión militar más explícita
Xi Jinping vincula estrechamente reunificación y rejuvenecimiento nacional. El Libro Blanco de 2022 afirma que la reunificación es indispensable para la rejuvenecimiento nacional y presenta la capacidad de defender la soberanía y la integridad territorial como parte de ese proceso.
El informe del XX Congreso del PCCh (2022) mantiene la misma conexión, propugnando que resolver la cuestión de Taiwán y realizar la reunificación completa constituye una “misión histórica” del Partido y un requisito del rejuvenecimiento nacional. Por tanto, la modernización militar deja de ser solamente una cuestión de defensa nacional y pasa a formar parte del proyecto histórico de reunificación.
El EPL no debe confundirse con “el instrumento de la invasión”
La existencia de una capacidad militar para tomar Taiwán no implica que Beijing haya decidido utilizarla. La política oficial mantiene simultáneamente tres elementos:
la reunificación debe ser preferentemente pacífica, la declaración de la independencia es una línea roja, el recurso a la fuerza es una opción que no se descarta.
El Libro Blanco de 2022 es particularmente claro en este punto. Beijing dice que hará los máximos esfuerzos por lograr una reunificación pacífica, pero no renuncia al uso de la fuerza y reserva esa posibilidad ante determinadas circunstancias. Por eso quizá sea más preciso hablar de “capacidad de reunificación” que de “plan militar de reunificación”.
Del “tomar Taiwán” a “hacer imposible la independencia”
Si durante Mao, la pregunta era esencialmente ¿cómo recuperar Taiwán? y durante Deng ¿cómo conseguir la reunificación sin recurrir a la guerra?, con Xi es ¿cómo crear las condiciones de poder que hagan posible la reunificación y disuadan simultáneamente la independencia y la intervención exterior?
Es un desplazamiento del enfoque bien significativo y permite entender por qué el EPL necesita modernizarse incluso si la estrategia preferida sigue siendo la reunificación pacífica.
El EPL como parte de una estrategia mucho más amplia
La reunificación no es una cuestión exclusivamente militar. El propio discurso oficial la integra con el desarrollo económico, los intercambios, la integración entre ambas orillas y la construcción de vínculos sociales y económicos.
En consecuencia, podríamos hablar de una estrategia de reunificación en varias capas subsiguientes, desde la atracción económica y social a la integración, combinando presión política, aislamiento diplomático de la independencia, coerción económica y militar y disuasión a través de la exhibición de capacidad de empleo de la fuerza.
El EPL ocupa fundamentalmente las últimas capas, pero su existencia modifica el comportamiento de todas las anteriores. En consecuencia, cabe reconocer que el EPL no es el protagonista de la estrategia china de reunificación, aunque sí la sombra que acompaña toda la estrategia. Su función no consiste necesariamente en hacer viable la guerra para reunificar, sino en hacer creíble que China puede impedir que la separación se convierta en definitiva.
Por tanto, si bien el EPL se moderniza para ser una fuerza militar del siglo XXI, también porque la capacidad militar es una de las condiciones de posibilidad del proyecto chino de reunificación y, por extensión, de ese ”rejuvenecimiento nacional” que Xi Jinping ha convertido en el “sueño chino”.


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