En su día, el paso del término “Asia-Pacífico” a “Indo-Pacífico” no fue un simple cambio nominal, sino una auténtica redefinición geopolítica del espacio estratégico asiático. Detrás de esa alteración confluyen aportaciones intelectuales japonesas, desarrollos estratégicos australianos y, finalmente, la apropiación estadounidense del concepto como instrumento para gestionar-contener el ascenso de China.
Durante la Guerra Fría y las dos décadas posteriores, el marco dominante fue Asia-Pacífico. Este era un concepto fundamentalmente económico. Sus principales referencias institucionales eran APEC (1989), ASEAN+3, ASEAN Regional Forum, posteriormente la Cumbre de Asia Oriental (East Asia Summit). El eje articulador era el océano Pacífico. China, Japón, Corea del Sur, ASEAN y Estados Unidos constituían el núcleo del sistema. En aquel momento India apenas desempeñaba un papel relevante en Asia oriental.
El Asia-Pacífico respondía, por tanto, a una lógica de integración económica, no de competencia estratégica.
Aunque existen antecedentes en la geopolítica marítima británica e incluso en las teorías de Alfred Thayer Mahan sobre el dominio de las rutas oceánicas, el concepto moderno no nace ahí. Su formulación contemporánea surge en Japón.
El momento fundacional suele situarse el 22 de agosto de 2007, cuando el entonces primer ministro japonés Shinzo Abe pronunció ante el Parlamento de India su célebre discurso “Confluence of the Two Seas”. En él recuperaba una expresión del príncipe mogol Dara Shikoh (siglo XVII) para sostener que “el Pacífico y el Índico están adquiriendo una conexión dinámica como mares de libertad y prosperidad.” Dara Shikoh Escribió el libro “Majma-ul-Bahrain” (La mezcla de dos océanos), donde compara las filosofías del islam sufí y el hinduismo. Creía que todas las religiones buscaban la misma verdad.
La idea de Abe era profundamente estratégica. Proponía conectar Japón e India, incorporar Australia, y reforzar la presencia estadounidense para preservar un orden marítimo bajo hegemonía liberal. No hablaba todavía de contener a China de forma explícita, pero el trasfondo era evidente.
Australia fue probablemente quien primero convirtió esa intuición en doctrina estratégica. El Defence White Paper de 2013 ya empleaba el término “Indo-Pacific” para definir el nuevo entorno estratégico australiano. Canberra observaba que el comercio mundial dependía tanto del Índico como del Pacífico, que China extendía su presencia naval hacia el Índico mientras India emergía como potencia regional. Por tanto, mantener separados ambos océanos dejaba de tener sentido.
Washington fue relativamente tardío en adoptar el concepto. Durante Obama seguía predominando el lenguaje del “rebalance to Asia” o “pivot to Asia”. Aunque algunos documentos empezaban a hablar del “Indo-Pacífico”, el verdadero cambio llegó con la primera administración Trump. En 2017, durante una gira asiática, el término comenzó a sustituir oficialmente al de Asia-Pacífico. Poco después se produjo un gesto altamente simbólico cuando el antiguo U.S. Pacific Command (PACOM) pasó a denominarse U.S. Indo-Pacific Command (INDOPACOM) en mayo de 2018.
El cambio de nombre reflejaba un cambio conceptual dejando entrever que el principal teatro estratégico estadounidense ya no se concebía como el Pacífico, sino como un espacio continuo desde la costa oriental africana hasta la costa occidental americana.
Para el abandono de “Asia-Pacífico” había varias razones.
La primera es que colocaba a China en el centro al ser la principal potencia económica de Asia oriental. El concepto Asia-Pacífico tendía a organizar la región alrededor de ese núcleo económico. Desde la óptica estadounidense, eso favorecía una creciente centralidad china. El Indo-Pacífico desplazaba ese centro de gravedad.
En segundo lugar, incorporar a India como motivación principal. En este sentido, India posee una población comparable a la china, una posición geográfica dominante sobre el Índico, enormes capacidades navales potenciales y también afinidad política con las democracias marítimas. Sin India era difícil construir un equilibrio regional duradero.
En tercer lugar, reforzar la dimensión marítima. En este sentido, el Indo-Pacífico enfatizaba las rutas energéticas, los estrechos estratégicos (Malaca, Lombok, Sunda, Ormuz, Bab el-Mandeb), la libertad de navegación o la conectividad marítima. La geografía marítima adquiría mayor relevancia que la geografía continental.
En cuarto lugar, ofrecía el paraguas oportuno para justificar nuevas alianzas. El nuevo concepto facilitaba la articulación del Quad, del AUKUS, una mayor cooperación OTAN-Japón-Corea-Australia y la habilitación de redes flexibles de seguridad.
En una lectura más profunda, más allá del cambio nominal, lo que se produjo fue un cambio en la representación mental del espacio. El Asia-Pacífico respondía a la lógica de la globalización de los años noventa, es decir, comercio, cadenas de suministro, interdependencia y crecimiento económico. El protagonista era el mercado.
El Indo-Pacífico, en cambio, nació de la percepción de que esa interdependencia ya no bastaba para garantizar el equilibrio estratégico. El protagonista pasó a ser la geopolítica con el control de las rutas marítimas, la competencia naval, las alianzas y la distribución del poder.
En ese sentido, el Indo-Pacífico no sustituyó al Asia-Pacífico porque la geografía hubiera cambiado, sino porque cambió la forma en que Estados Unidos y sus aliados interpretaban el ascenso de China. El concepto permitía ampliar el escenario, incorporar a India como actor de equilibrio y evitar que Asia Oriental se organizara exclusivamente en torno al peso económico y político de China.
¿Un precipitado abandono?
Ahora parece que se está produciendo un cierto reajuste terminológico, aunque todavía puede ser apresurado hablar de un abandono del concepto Indo-Pacífico.
Hay varias tendencias superpuestas.
En primer lugar, el término Indo-Pacífico sigue siendo el marco estratégico oficial de Estados Unidos. La Indo-Pacific Strategy de la administración Biden no ha sido formalmente sustituida, y el mando militar continúa denominándose U.S. Indo-Pacific Command (INDOPACOM). Japón, Australia, India y la Unión Europea mantienen igualmente ese vocabulario.
Sin embargo, desde la llegada de la nueva administración Trump se aprecia un matiz interesante en el discurso. Cada vez es más frecuente encontrar referencias al “Pacific” o al “Western Pacific”, especialmente cuando se habla de la defensa de Taiwán, la primera y segunda cadenas de islas, Guam, Hawái y las bases estadounidenses o la competencia naval con China. Es decir, cuando el foco es estrictamente militar.
Esto responde a una lógica bastante práctica ya que el escenario donde Washington considera que podría producirse una crisis decisiva con China no es el conjunto del Indo-Pacífico, sino el Pacífico occidental.
Conviene recordar también que el concepto de Info-Pacífico nunca fue simplemente geográfico. Fue un concepto político. Su finalidad era ampliar el escenario estratégico para incorporar plenamente a India y justificar mecanismos como el Quad, todo ello con el claro propósito de dificultar que China dominara el espacio regional.
¿Por qué podría perder protagonismo?
Hay varios motivos.
El primero es que India ha mantenido una política exterior mucho más autónoma de lo que esperaba Washington. Nueva Delhi coopera con Estados Unidos, pero no quiere convertirse en un aliado contra China al estilo de Japón o Australia. Sigue preservando amplios márgenes de maniobra, mantiene vínculos con Rusia y evita integrarse en alianzas militares formales.
El segundo es que las crisis más probables (Taiwán, mar de China Meridional, mar de China Oriental) se desarrollan todas en el Pacífico occidental. El Índico tiene una importancia creciente para las rutas comerciales y energéticas, pero no concentra hoy el principal riesgo de confrontación militar directa entre Estados Unidos y China.
El tercero es el cambio de prioridades de Washington. La administración Trump parece mostrar menos interés por construir grandes arquitecturas regionales y más por reforzar alianzas bilaterales y la disuasión militar concreta. En ese contexto, “Pacífico” resulta un término más operativo y menos cargado de ambición geopolítica.
¿Y qué dice China? Beijing nunca aceptó el concepto de Indo-Pacífico. Desde su aparición lo ha calificado como una construcción geopolítica destinada a contenerla y ha seguido utilizando expresiones como Asia-Pacífico, Asia Oriental, vecindad regional, o Asia como comunidad de destino compartido.
Para la diplomacia china, el “Indo-Pacífico” siempre fue un concepto estratégico estadounidense antes que una realidad geográfica, es decir, una construcción artificial que buscaba crear una “OTAN asiática” y pretendía contener el ascenso chino estimulando la división de la región en bloques.
Desde la perspectiva china, el Asia-Pacífico refleja una realidad económica y geográfica consolidada, mientras que el Indo-Pacífico responde a un diseño estratégico impulsado desde el exterior.
En otras palabras, si el concepto Indo-Pacífico respondía a un afán de construcción de un espacio geopolítico amplio, el creciente recurso al Pacífico parece reflejar una estrategia más centrada en el teatro operativo donde Washington estima que se decidirá el equilibrio militar con China.
El término Indo-Pacífico respondía, por tanto, a una visión de la competencia con China como un desafío sistémico y de largo alcance, que exigía tejer una amplia red de socios. Si el discurso empieza a desplazarse hacia Pacífico Occidental, ello puede indicar que la atención se concentra menos en el diseño de un orden regional y más en la preparación de un escenario concreto de crisis, cuyo epicentro sería Taiwán y la primera cadena de islas. Desde esa perspectiva, el lenguaje no solo describe un espacio geográfico, delatando también una evolución en las prioridades estratégicas de Washington.
Si esta tendencia se consolida, el Indo-Pacífico podría ser recordado como el concepto que marcó la transición desde la era de la globalización hacia la era de la competencia entre grandes potencias, más que como una categoría geográfica permanente.


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