El presidente taiwanés Lai Ching-te, muy cerca ya del ecuador de su mandato y con un balance político escasamente ilusionante, ha convertido la defensa en el mascarón de proa de su estrategia. Ello refuerza el alineamiento de su gobierno con las demandas de Donald Trump, quien ha urgido a mayores esfuerzos en este ámbito, elevando sustancialmente el gasto en defensa a cambio de que EEUU siga involucrado en la protección de la isla.
No es una dinámica aislada en la región. Japón ha destinado alrededor de 58.000 millones de dólares y Corea del Sur 47.700 millones de dólares para gastos de defensa en el año fiscal 2026. El presupuesto de defensa ordinario propuesto por Taiwán asciende a 26.000 millones de dólares. A mayores, contempla un presupuesto especial de 1,25 billones de dólares taiwaneses (cerca de 40.000 millones) que se gastaría durante ocho años, de 2026 a 2033, en compras importantes de armas y programas de desarrollo conjunto con Estados Unidos. Según Lai, “la aprobación del presupuesto de defensa será un indicador clave de que Taiwán está decidido a fortalecer su autodefensa”.
Taiwán ha incrementado de forma sostenida su nivel de gasto en defensa, con un crecimiento medio anual cercano al 5% entre 2019 y 2023. En 2025 el presupuesto militar alcanzó el 2,5% del PIB, y el Gobierno prevé elevarlo hasta el 3,3% en 2026.
El presupuesto especial y el mapa político taiwanés
En condiciones de bloqueo político generalizado al no contar el gobernante Minjindang o Partido Democrático Progresista (PDP) con mayoría suficiente en el Yuan Legislativo, la oposición -integrada por el Kuomintang (KMT) y el Partido Popular de Taiwán (TPP) más independientes que suman 62 de 113 escaños- ha bloqueado la inclusión del proyecto de ley en la agenda legislativa, pidiendo a Lai que primero informe a los legisladores sobre la propuesta, una solicitud que el gobierno ha rechazado por “inconstitucional”. Los dos partidos también han instado al gobierno a implementar primero un aumento salarial de NT$30.000 aprobado por el Yuan Legislativo para el personal militar.
Por el momento, las posiciones de KMT y PPT son convergentes, aunque no se descara que puedan aparecer grietas en esa unidad a corto plazo. Tras una visita a EEUU de una delegación de alto nivel del PPT, este indicó que “no se opone” a destinar más gasto en defensa, que “apoya absolutamente” el fortalecimiento de la autodefensa militar y las capacidades operativas conjuntas a través de la adquisición de armas, pero no contempla otorgar ninguna autorización en blanco, rechazando las prácticas opacas que “evaden la supervisión” y “otorgan autorizaciones genéricas”. Recientemente, el PPT anunció sus 21 proyectos de ley “prioritarios”, incluyendo su propia versión de una ley especial de defensa, que limita el gasto en armas a 400.000 millones de dólares taiwaneses (12.660 millones de dólares estadounidenses) hasta 2033, y requiere que los fondos se asignen anualmente.
Lai ha convertido este asunto en su principal caballo de batalla. Su ministro de defensa, Wellington Koo, asegura que Taiwán podría convertirse en una “brecha” en la defensa colectiva de la región del Indo-Pacífico contra la expansión militar del Ejército Popular de Liberación (EPL) si la oposición no da el brazo a torcer. Por su parte, Lai Ching-te no desaprovecha cualquier comparecencia con funcionarios castrenses para defender la aprobación urgente, alertando de que el retraso legislativo entraña riesgos estratégicos.
El líder del grupo parlamentario del KMT, Fu Kun-chi, urge al gobierno a explicar cuándo se entregarán los NT$700 mil millones (US$22,24 mil millones) en equipos militares ya pagados a EEUU antes de seguir en la misma senda de operar como un “cajero automático” para el Pentágono. Es un problema el retraso en la aprobación de un gasto multimillonario en armamento pero no parece serlo cuando se trata de entregar los suministros ya pagados.
Cheng Li-wun, la nueva presidenta del KMT, particularmente franca, recrimina al presidente Lai que “provoque” a China al aceptar comprar armas “inútiles” de Estados Unidos.
El Séptimo de Caballería al auxilio de Lai
Las relaciones estratégicas con Washington en el contexto regional y de seguridad son claves para Taiwán. Pero también para EEUU. En las últimas semanas, el injerencismo de EEUU en el debate interno ha pasado la discrección a mejor vida. El director del Instituto Americano en Taiwán, Raymond Greene, no se ha cortado un pelo a la hora de expresar públicamente el apoyo al presupuesto especial de defensa de Lai, interviniendo abiertamente en los asuntos internos de la isla. El AIT representa los intereses de Estados Unidos en Taiwán en ausencia de vínculos diplomáticos formales.
En la misma línea cabe interpretar la llamada a capítulo al PPT y al KMT. Los legisladores estadounidenses han presionado a la legislatura taiwanesa para que apruebe los planes de gasto, y algunos han criticado a la oposición por bloquear los planes de Lai y acercarse a Beijing. Por otra parte, el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS) en un informe publicado el martes 3 de febrero titulado Taiwán: Defensa y cuestiones militares, reconoce que el gobierno ha aumentado su presupuesto de defensa a una tasa anual promedio del 5 por ciento de 2019 a 2023, pero advierte de que el EPL podría estar ya capacitado, o estarlo en un futuro cercano, para lanzar diversas operaciones militares contra Taiwán, desde ataques con misiles y bloqueos hasta desembarcos anfibios y la ocupación de la isla principal. El documento retoma además declaraciones de la CIA según las cuales Xi Jinping ordenó preparar al EPL para una posible invasión antes de 2027, sin que ello implique necesariamente una decisión política definitiva.
En paralelo, el presidente Trump, firmó una orden ejecutiva para la lista de clientes de armas estadounidenses que priorizaría a los países con mayor gasto en defensa e importancia estratégica. La orden que establece la “Estrategia de Transferencia de Armas de Estados Unidos Primero” marca un cambio significativo en la política estadounidense de venta de armas. Ordena a las agencias federales priorizar las ventas militares extranjeras a socios que han invertido sustancialmente en sus propias capacidades de defensa y ocupan puestos o zonas geográficas críticas. La postura de Trump es clara: si Taiwán no está dispuesto a asignar un presupuesto para defensa, corre el riesgo de “autodestrucción”, ya que Washington nunca priorizaría a un país que se niega a ayudarse a sí mismo,
Complementariamente, semanas atrás se informó de un compromiso de venta de armas por valor de 11.000 millones. Ahora se habla de otro paquete por valor de hasta 20.000 millones que incluiría misiles Patriot y otras armas.Y en un proyecto de ley de asignaciones firmado recientemente se incluyen más de 1.400 millones de dólares para apoyar la cooperación en materia de seguridad con Taiwán.
No es esta la única pieza del andamiaje estadounidense. La otra es la “cooperación comercial”, es decir, el chantaje arrancelario: la rebaja de aranceles que contempla el acuerdo comercial firmado el 12 de febrero – que la oposición ya examina con lupa- tiene como condición materializar más inversiones de la taiwanesa TMSC (hasta 250.000 millones de dólares), más garantías de crédito para inversiones por parte del gobierno de Lai (otros 250.000 millones) y la demanda de trasladar a EEUU hasta el 40 por ciento de la producción de chips. Tanto KMT como el PPT, expresan dudas sobre D. Trump y Washington, a quienes acusan de querer “drenar la sustancia” de la industria de semiconductores taiwanesa.
La reacción de China
El 9 de febrero, Beijing acogió la Conferencia de Trabajo sobre Asuntos de Taiwán, presidida por Wang Huning. Refrendó el marco general -antisecesionismo, una sola China, Consenso de 1992- como cabía esperar. Wang adoptó un tono más suave que en otras ocasiones si bien apelando a “ganar dominio” en la gestión de las relaciones con Taipéi. En el contexto de un llamado histórico y cultural a la reunificación, en línea con u nuevo impulso a la modernización y el XV Plan Quinquenal (2026-2030),
retomó retóricamente el tema del “desarrollo pacífico a través del Estrecho”, que había sido completamente eliminado del informe de la conferencia de trabajo del año pasado. Este ajuste podría indicar una intención de aliviar las tensiones entre ambos lados del estrecho, circunstancia que podría ser conveniente para una oposición que aspira a convertir las elecciones locales de noviembre en un nuevo varapalo político al PDP.
La conferencia se celebró después del foro de expertos KMT-PCCh, que deó tras de si buenas vibraciones para que se concrete un encuentro entre Xi y Cheng Li-wun, la presidenta del KMT. El PDP le acusa de bloquear el presupuesto especial de defensa para mejorar las posibilidades de facilitar la reunión. Sin embargo, es sabido que, en esto, la posición del KMT va más allá de la coyuntura. Cheng Li-wun, recuerda constantemente que “China continental es nuestra familia”, que las dos orillas del Estrecho de Taiwán “no son dos países separados” y que, desde la perspectiva de la historia, la cultura, los lazos de sangre y las conexiones emocionales, Taiwán y China continental “nunca deben considerarse como separados”. El único problema, dice Cheng, es que “las diferencias políticas aún no se han resuelto”.
La sintonia entre PCCh y KMT contrasta fuertemente con el clima hostil entre el gobierno continental y el ejecutivo de Taiwan, liderado desde 2016 por el PDP, que rechaza la “reunificación” y defiende que el futuro político de la isla compete exclusivamente a sus 23 millones de habitantes.
La convicción en Beijing es que, con el PDP, Taiwán está “avanzando gradualmente hacia la independencia”, mientras Lai asegura que Taiwán debe mirar hacia otras democracias, no hacia China, para la cooperación comercial y económica, mientras su gobierno delinea cómo trabajar con Estados Unidos en más áreas estratégicas.
Las relaciones bilaterales sino-estadounidenses y Taiwán
Días atrás, en una conversación telefónica, Xi Jinping recordó a Trump que la cuestión de Taiwan es la más importante en las relaciones China-EEUU, una “línea roja” que no se debe cruzar, y que las “venta de armas” deben ser gestionadas con sumo cuidado. El mismo día, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobaba la Ley PROTECT Taiwán, que ordena a Estados Unidos excluir a China de las instituciones financieras internacionales si sus acciones amenazan la seguridad de Taiwán.
Fiel a su línea, Trump eludió el envite señalando que todo fue “fenomenal” en la conversación y que con Xi se entiende a la perfección. Las loas a Xi recuerdan una vieja máxima china: “para derrotar a un enemigo, es necesario primeramente ofrecer ayuda para que relaje su vigilancia”.
Lo cierto es que Washington sube gradualmente la apuesta en sus vínculos con Taiwán y multiplicando los lazos estratégicos que conforman la tenaza con Australia, Japón y Corea del Sur para contener a China.
Lai Ching-te reaccionó reafirmando lo que denominó las “cuatro constantes” en las relaciones trilaterales entre Taiwán, Estados Unidos y China continental. Entre ellas, destacó que Taiwán no forma parte de la República Popular de China y que ambas entidades no están subordinadas entre sí; que Estados Unidos mantiene sin cambios sus compromisos con Taiwán en virtud del Acta de Relaciones con Taiwán y las Seis Garantías; que la política estadounidense de preservar la paz en el Indo-Pacífico sigue intacta; y que la cooperación y la solidez de la relación entre Taipéi y Washington no se han visto alteradas.
Convertir a Taiwán en un problema regional y global
Complementariamente, la estrategia de Lai Ching-te consiste en convertir a Taiwán en un problema regional y global. Le han sabido a gloria, por ejemplo, las declaraciones de la primera ministra nipona Sanae Takaichi en el Parlamento en noviembre indicando que un ataque chino a Taiwán constituiría una “situación que amenazaría la supervivencia” de Japón y podría desencadenar una respuesta militar de Tokio. Ahora, con una mayoría más amplia tras los recientes comicios, Lai espera más señales hacia Taiwán. Las declaraciones de Sanae Takaichi, cuyo país alberga varias bases y alrededor de 60.000 soldados estadounidenses, habían provocado una furiosa respuesta de Beijing.
En la misma línea cabría significar las declaraciones de Lai advirtiendo que si la China “expansionista” tomara Taiwán, sus vecinos serían los siguientes. El presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., ya advirtió en agosto que su país inevitablemente se vería “arrastrado” a una guerra entre Taiwán y China. Las tropas estadounidenses tienen aquí acceso a nueve bases militares.
Conclusión
Es probable que Xi presione a Trump para que haga concesiones sobre Taiwán en su encuentro previsto de abril. Richard Bush, ex presidente del Instituto Americano en Taiwán y ahora miembro senior no residente del Brookings Institution, no descarta que Trump las haga en un intento por lograr un ventajoso acuerdo comercial con China. Para Lai, este es, sin duda, el mayor riesgo pues puede echar por tierra su estrategia de hacer de Taiwán una especie de “reino tributario”…. de EEUU.
Pero la cosa no será fácil. Trump sabe que Taiwán representa un poderoso as en la manga. Y para China, Taiwán no es negociable.
(Para Descifrando la Guerra)


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