-obra de Xulio Ríos, con Prólogo de José Sanroma, publicada en Txalaparta-
Ocho tesis
- La evolución contemporánea de China puede leerse como la historia de una modernización permanente. El anhelo de modernización de China tiene su origen en la crisis de la última dinastía imperial. A partir de entonces, se multiplican los debates acerca de cuál debe ser la orientación del proyecto de superación de la decadencia del país. El hilo comienza con las Guerras del Opio, atraviesa el Movimiento de Autofortalecimiento, la Reforma de los Cien Días, la Revolución de 1911, el Movimiento del Cuatro de Mayo, la etapa republicana, Mao, Deng y Xi…., todos ellos implementan respuestas distintas a una misma pregunta: cómo modernizar China sin dejar de ser China.
2. En torno a la modernización, el pensamiento chino ha desarrollado una genealogía propia que, lejos de ser lineal, sugiere grandes oscilaciones, combinando etapas de apertura, ruptura, recuperación de la tradición y búsqueda de síntesis. La singularidad reside en la exploración constante de un equilibrio entre desarrollo, soberanía y continuidad civilizatoria.
3. El factor cultural, ya sea como negación o como talismán, ha condicionado en grado significativo la aspiración modernizadora de China, alternando la voluntad de ruptura con el pasado y su reivindicación como fundamento de la renovación.
4. El análisis de las experiencias modernizadoras clásicas y contemporáneas, tanto desde la perspectiva liberal como marxista, ha proporcionado referencias que China ha estudiado selectivamente, incorporando aquellas que consideró compatibles con sus propias circunstancias históricas y rechazando toda traslación mecánica de modelos ajenos.
5. En el proyecto fundacional del Partido Comunista de China y en las etapas posteriores, la modernización ha quedado incorporada de forma permanente a su memoria doctrinal y a la acción política del Estado. La denominada “modernización socialista” constituye hoy el eje ordenador de la estrategia nacional y se presenta como la fase culminante de un proceso iniciado hace más de un siglo.
6. Los vectores básicos de la modernización -desde la transformación agraria y la industrialización hasta la innovación tecnológica, la sostenibilidad ambiental, la cuestión social, la demografía o la defensa- han experimentado una profunda evolución que reubica continuamente las prioridades y los desafíos del desarrollo chino.
7. Lo que define la fase actual del proceso es su carácter integral y su articulación mediante una gramática cultural propia, que incorpora cada vez con mayor intensidad categorías nacidas de la experiencia histórica china. La cultura, antes considerada un obstáculo para la modernización, pasa a desempeñar un papel central como fuente de legitimidad, cohesión y renovación, influyendo de forma creciente en la concepción de la gobernanza.
8. China se configura no solo como un país que aspira a culminar su modernización, sino como una civilización que propone una reinterpretación de la propia modernidad a partir de su trayectoria histórica. La “modernización china” deja así de ser únicamente un objetivo singular para convertirse en una formulación alternativa de alcance universal: una modernización sin occidentalización que reivindica la pluralidad de los caminos hacia el desarrollo y la posibilidad de ejercer la universalidad sin reproducir los patrones históricos de Occidente. Cuestiona así la identificación entre modernización y occidentalización que ha dominado el pensamiento contemporáneo. La multipolaridad será también multimodernidad.


Podes deixar aquí un comentario sobre o artigo