Las “Dos Sesiones” -la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional (APN) y de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh)- constituyen el momento de cristalización pública de las prioridades estratégicas ya trabajadas en el seno del Partido Comunista. Funcionan como barómetro político y como mecanismo de alineamiento nacional. En su puesta en escena, debemos distinguir entre retos estructurales y respuestas políticas ritualizadas, y las Dos Sesiones son precisamente el espacio donde ambos planos se encuentran.
Los principales desafíos que afronta China este año
Más que rupturas dramáticas, este año veremos ajuste fino. Si miramos 2026 -con el XV Plan Quinquenal como asunto central-, entre los desafíos principales cabría citar los siguientes.
En primer lugar, la transición del modelo de crecimiento. El gran reto estructural sigue siendo la salida ordenada del modelo basado en inversión inmobiliaria, infraestructuras y exportaciones hacia otro más apoyado en consumo interno, innovación tecnológica y servicios avanzados.
Son muchos los problemas concretos de la agenda, desde la debilidad del sector inmobiliario al endeudamiento de gobiernos locales pasando por la débil demanda interna o las presiones deflacionarias intermitentes. Las Dos Sesiones suelen ofrecer el objetivo referencial de crecimiento del PIB (en torno al 5 por ciento, de nuevo) con otros macroindicadores que revelarán hasta dónde está dispuesto el gobierno central a asumir mayor déficit o mayor apoyo a los gobiernos locales.
Un segundo aspecto clave seguirá siendo la autosuficiencia tecnológica. La rivalidad estratégica con Estados Unidos no es coyuntural. Las restricciones a semiconductores avanzados, IA o equipos de fabricación han reforzado la narrativa de “seguridad en el desarrollo”. Por tanto, China necesita reducir dependencia en chips avanzados y evitar el aislamiento tecnológico. Las Dos Sesiones probablemente reforzarán el énfasis en innovación endógena y confirmarán inversiones en sectores estratégicos clave (IA, energías renovables, biotecnología), apuntando a la profundización de la hoja de ruta seguida por el XIV Plan Quinquenal.
Un tercer aspecto a destacar es la gestión del riesgo financiero, condicionado por el saneamiento del sector inmobiliario y la deuda local que debe seguir ponderándose para evitar una crisis sistémica y asegurar la estabilidad, que sigue siendo la preocupación fundamental.
Un cuarto elemento a destacar es el marco internacional, que es más incierto que hace un lustro, azuzado por la rivalidad estratégica con EEUU de la cual se derivan inevitablemente picos de tensión en torno a Taiwán, o en las cadenas globales de suministros y la multiplicación de conflictos regionales que afectan a energía y comercio, desde Panamá a Chile, Irán, y habrá más. Las Dos Sesiones no redefinen la política exterior, pero sí ofrecen el tono del lenguaje oficial sobre estabilidad estratégica y señalan prioridades que en este caso trasladarán firmeza en soberanía y resiliencia en las respuestas a esas tensiones con el pragmatismo en economía como clave determinante.
En general, no cabe esperar soluciones mágicas ni rupturistas pero si, a partir del contenido del XV Plan Quinquenal (2026-2030), una estructuración del marco en el que se gestionarán durante el año y a lo largo de este lustro decisivo.
La pregunta central de este ejercicio es si China podrá mantener una estabilidad política fuerte mientras atraviesa una transición estructural prolongada en un entorno internacional adverso. Y las Dos Sesiones servirán para reafirmar que sí, mediante un crecimiento moderado pero estable, la innovación como motor, la seguridad como premisa y el bienestar social como amortiguador.
Novedades en política industrial y tecnológica
Es plausible que se anuncien recalibraciones importantes en política industrial. Y este año, con el XV Plan Quinquenal sujeto a aprobación, es razonable esperar ajustes más selectivos que en ediciones anteriores.
En chips avanzados, cabría esperar indicios para una superación en este quinquenio de los desafíos estructurales que se derivan de las restricciones estadounidenses. La novedad podría sustanciarse en medidas para garantizar una mayor optimización estratégica de los recursos disponibles.
La Inteligencia Artificial será determinante también. Aquí sí puede haber matices interesantes relacionados con un mayor énfasis en IA aplicada a productividad industrial, una mayor integración con estrategia de “nueva industrialización” o el refuerzo de estándares nacionales. Probablemente, la IA china se oriente más como herramienta productiva que como símbolo tecnológico. El XV Plan lo determinará.
Otro aspecto importante es la transición energética. China ha dado la vuelta al esquema de origen y hoy lidera estructuralmente el esfuerzo global en este sentido. Sus ventajas en paneles solares, baterías o vehículos eléctricos no ofrecen dudas. En estas “Lianghui” es previsible que se incrementen significativamente los objetivos sin perder de vista la seguridad energética.
El agobio demográfico
En enero, la Oficina Nacional de Estadística de China informó una disminución de la población de 3,39 millones a 1.40489 millones en 2025, lo que marca el cuarto año consecutivo de descenso. Ese mismo año, la natalidad se redujo drásticamente de 9,54 millones en 2024 a 7,92 millones en 2025 -un mínimo en la era moderna y una contracción anual superior al 16%, rara vez vista en tiempos de paz-, alcanzando niveles no vistos desde 1949 y comparables a los de la dinastía Qing en 1738.
China enfrenta un serio descenso poblacional con un envejecimiento acelerado y una presión al alza sobre sistema de pensiones y sanidad. A ello habría que sumar el desempleo juvenil intermitente. Este es un terreno delicado porque afecta a la legitimidad cotidiana.
Las respuestas en las Dos Sesiones suelen incluir medidas de apoyo a la natalidad, ajustes en políticas laborales, refuerzos en protección social e iniciativas para impulsar el empleo en sectores emergentes. No cabe esperar una solución estructural inmediata, pero sí ajustes técnicos y financiación adicional en bienestar en línea con la consigna de la “prosperidad común”.
El impacto de los recientes ceses en el ámbito militar
El aumento del presupuesto de Defensa suele anunciarse con sobriedad técnica. Pero este año, tras las investigaciones y destituciones que han afectado a altos mandos del Ejército Popular de Liberación (EPL), el interés estará menos en el porcentaje y más en el lenguaje político. En este sentido, lo imaginable es que habrá un énfasis reforzado en la “lealtad absoluta al Partido” que en gran medida ha sido el nervio estructurador de dicha crisis. Por tanto, es más probable que los conceptos asociados a esta idea aparezcan con mayor densidad que en años anteriores, como un intento de cerrar filas y reafirmar el control tras los casos de corrupción o deslealtad. En la misma línea son previsibles más referencias a lucha contra la corrupción dentro del EPL.
Un indicativo a prestar atención es la composición de las delegaciones militares que participan en las Dos Sesiones y cuál es la magnitud y el detalle de los cambios.
Otro aspecto alusivo inevitable es la referencia a la modernización militar, reafirmando el sentido de la reforma impulsada por Xi en 2015 para construir un ejército de clase mundial, capaz de afrontar combates reales de forma profesional y en circunstancias complejas.
Es previsible también una exaltación del compromiso con la seguridad nacional como marco totalizador que traslade firmeza en cuestiones de soberanía (Taiwán, Mar del Sur).
En cualquier caso, la última crisis en la cúpula militar planeará sobre el evento pero no será mencionada de forma directa y las invocaciones se centrarán más en las orientaciones políticas a seguir en el futuro inmediato, apuntando a reforzar el discurso de disciplina y a enfatizar la centralidad del liderazgo. En este sentido, la reconfiguración de equilibrios internos servirán para reafirmar el control político del PCCh sobre el EPL.Y explicitar que Xi lo tiene todo bajo control y que la modernización continúa sin desviaciones estratégicas.
La inminente visita de Donald Trump
Sin duda, la visita de Donald Trump a finales de marzo puede influir en el tono y los mensajes clave transmitidos por el ministro Wang Yi durante su habitual comparecencia, aprovechando esta plataforma para enviar señales claras a Washington, definiendo su postura antes del encuentro.
Las ideas principales podrían girar, en primer lugar, en torno a la necesidad de trasladar un mensaje de “determinación china” frente a la incertidumbre en línea con esa proyección de una imagen de fortaleza y estabilidad, declarando que China actuará como un ancla de seguridad en un mundo turbulento. De esta forma, evidenciaría el contraste con la impredecibilidad asociada a la administración Trump, posicionando a China como un socio fiable y predecible.
Una segunda percepción de gran importancia es la definición de las “reglas del juego” para la relación bilateral, la insistencia en una estabilidad estratégica abundando en las condiciones para una relación estable, dejando en claro que China responderá a las presiones y no se amilanará.
Es previsible que no ahorre críticas a las políticas de la era Trump, no solo en los planos crematísticos sino también estratégicos, especialmente en el tema de Taiwán o en el Mar de China meridional, advirtiendo sobre los intentos de crear disputas y divisiones en la región .
Por último, la exposición de una visión multilateralista es ya un tópico, contrastando el enfoque de “América First” de Trump y su dinámica asociada de agresiones por doquier, con un orden internacional basado en la cooperación y presentándose como un defensor del multilateralismo y el desarrollo común, especialmente con el “Sur Global” .
Wang Yi transmitirá la imagen de una China fuerte, cohesionada y que no se doblegará ante la presión, pero que al mismo tiempo deja la puerta abierta a una relación de cooperación, siempre que sea sobre la base del respeto mutuo y la igualdad.
Coda
En la reunión del Buró Político del PCCh previa a la apertura de las Dos Sesiones, Xi Jinping señaló que el período del XV Plan Quinquenal (2026-2030) será crítico, toda vez que coincide con un momento en el que China aspira a reforzarse y avanzar en todos los frentes hacia la realización básica de la modernización para 2035, primer escalón de la ruta del xiísmo hacia 2049.


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