El Foro KMT-PCCh: ¿Es posible remontar el vuelo?, por Xulio Ríos

Del 2 al 4 de febrero tendrá lugar en China continental el primer intercambio entre grupos de expertos del Kuomintang-KMT y Partido Comunista-PCCh en lugar de un foro bipartidista, como sería lo habitual. Según fuentes del KMT, el encuentro se centrará en temas no políticos, incluida la inteligencia artificial, la prevención de desastres y el desarrollo industrial sostenible y con bajas emisiones de carbono, en un esfuerzo por reducir la sensibilidad. El vicepresidente del KMT, Hsiao Hsu-tsen, encabeza la delegación a Beijing.

Desde hace semanas, se especulaba con que el KMT y el PCCh tenían previsto reanudar este mecanismo, el “Foro Económico, Comercial y Cultural del Estrecho de Taiwán”, poniendo fin a una suspensión de nueve años. 

Su reanudación, aunque bajo este formato “menor”, es, sin duda, una consecuencia significativa del nuevo liderazgo de Cheng Li-wun al frente de la formación nacionalista. No se descarte que más pronto que tarde recupere su formato original ya que esta dimensión rebajada de ahora probablemente esté relacionada con la cautela política propia de un año electoral como este (elecciones locales el 28 de noviembre) y deja en el aire la oportunidad de que se celebre un encuentro formal entre Cheng y Xi Jinping.  

El KMT justifica el diálogo con el PCCh en el deber de asumir la responsabilidad histórica de aliviar las tensiones en el Estrecho de Taiwán. La base del entendimiento bilateral es el Consenso de 1992, que encarna el principio de “una sola China”. El gobernante Partido Democrático Progresista-PDP lo rechaza y remite esta dinámica a un proceso de sumisión del KMT al PCCh, manifestado en el terco boicot a todas las iniciativas gubernamentales, muy singularmente la elevación del gasto en defensa que señalan como condición sine qua non del PCCh para que el encuentro bilateral pueda celebrarse. El KMT niega cualquier conexión entre ambos asuntos.

Una trayectoria sinuosa

El Foro KMT-PCCh, lanzado en 2006 tras una reunión decisiva en 2005 entre el entonces presidente del KMT, Lien Chan, y el líder chino, Hu Jintao, se ha celebrado casi todos los años hasta 2016, cuando se suspendió tras las derrotas del KMT en las elecciones presidenciales y legislativas de Taiwán. 

Fue creado para fomentar intercambios económicos, culturales y sociales, y, por extensión, facilitar el diálogo político trans-Estrecho. Desde sus inicios, fungió como una herramienta de diplomacia de partidos y no como un mecanismo oficial gubernamental. En ese sentido, fue útil para crear espacios de diálogo en momentos de menor tensión política, especialmente a partir de 2008 cuando el KMT estaba al mando en Taiwán. La posible reactivación en 2026 sugiere que a ambos lados buscan canales no oficiales para mantener algún nivel de comunicación, aunque con menos foco en lo político y más en la cooperación técnica y científica. Ambas partes son conscientes de sus limitaciones, bien significativas estando el KMT marginado del gobierno (desde 2016) y cuando el PDP acentúa las cuestiones de soberanía y seguridad como centrales.

En ese diálogo interpartidario podemos diferenciar una primera fase inicial de apertura y de deshielo. Es el periodo 2005-2007, cuando aun en Taipéi gobernaba el PDP de Chen Shui-bian. El primer foro se celebró en abril de 2006 en Beijing, tras aquel encuentro entre Lien Chan y Hu Jintao, el primero de alto nivel en seis décadas de hostilidad desde la guerra civil china.  Se reveló entonces como una plataforma idónea para impulsar intercambios económicos y comerciales, especialmente con vistas a fortalecer los vínculos a través del Estrecho y avanzar en los llamados “tres enlaces directos” de transporte, comercio y correo entre Taiwán y China continental. Este primer periodo marcó una apertura y un diálogo sin precedentes tras décadas de tensión estructural.

Entre 2008 y 2013 se vivió un periodo de consolidación y expansión. Con el retorno del KMT al poder en Taiwán en 2008 de la mano de Ma Ying-jeou, el foro se potenció como un mecanismo complementario a las negociaciones gubernamentales formales (básicamente, entre las entidades ARATS y SEF) y se celebraron múltiples ediciones anuales, con agendas ampliadas que incluyeron cooperación académica, empresarial, juventud y cultura.

Beijing utilizó el foro para ofrecer facilidades económicas y acceso al mercado de China continental a grupos empresariales taiwaneses, especialmente durante la crisis global, reforzando las interdependencias económicas.

En esta fase, el foro se convirtió en un espacio de vinculación socioeconómica real, más allá de la pura retórica política.

Tras el estallido del Movimiento Girasol (2014), cuando los estudiantes taiwaneses se movilizaron contra un acuerdo de comercio de servicios, complementario del AMCE (Acuerdo Marco de Cooperación Económica) suscrito en 2010, se inició una fase de crisis y estancamiento caracterizada por una significativa pérdida de impulso. Entonces, las relaciones políticas dentro de Taiwán cambiaron. Un sector de la población se volvió más escéptico respecto a las propuestas de acercamiento acelerado y el KMT empezó a resentirse y enfrentar crisis internas.

Pese a ello, el foro siguió realizándose hasta 2016, cuando el KMT aún participó -bajo un nuevo nombre (“Foro de Paz y Desarrollo a través del Estrecho”)- pero ya con menor impacto. Visiblemente, tanto las tensiones en la isla como las limitaciones políticas del diálogo, dificultaban los avances.

Tras la derrota electoral del KMT en 2016 y la llegada nuevamente del PDP al poder, esta vez de la mano de Tsai Ing-wen, las autoridades de Taipéi dejaron de apoyar activamente el foro. Por otra parte, el PCCh también percibió que este mecanismo ya no podía influir eficazmente en la política interna taiwanesa, viéndolo como una herramienta con utilidad decreciente. El resultado fue una suspensión de facto desde 2017, con reuniones esporádicas y sin agenda clara durante varios años en un contexto de incremento de la polarización política en Taiwán.

Los intentos subsiguientes de relanzamiento no dieron resultado. El formato ideado ahora, orientado más a interacciones entre think tanks e industrias que a un diálogo político formal, apunta a una  reconfiguración pragmática, con menos política explícita y más cooperación temática.

La perspectiva continental

Desde su origen, el PCCh concibió el foro con el KMT como un mecanismo para debilitar el independentismo taiwanés, institucionalizando la idea de una China compartida mediante la normalización progresiva de los intercambios económicos y culturales. En este sentido, permitía el desarrollo de una diplomacia propiamente partidaria, complementaria de la vía oficial y alternativamente subsidiaria cuando esta permanecía bloqueada.

En la lógica del “frente unido”, el foro facilitaba una interlocución privilegiada con élites políticas, empresariales, académicas y locales del KMT que cristalizaba en incentivos económicos selectivos (acceso al mercado continental, facilidades de inversión), dejando a un lado la cuestión más espinosa de la soberanía, al abrigo de la aceptación compartida del Consenso de 1992.

Mientras el KMT fue electoralmente competitivo (2008-2014), el foro ofrecía una utilidad real como multiplicador de influencia. Cuando dejó de serlo, perdió valor estratégico. El Movimiento Girasol y la victoria del PDP en 2016 marcaron algo más profundo que un cambio de gobierno. Representó una reorientación general con énfasis en la soberanía que ponía coto al discurso de integración económica defendido por Ma Ying-jeou.

La pérdida de significación del foro coincide con el ascenso de Xi Jinping, a partir de 2012, con un enfoque menos tolerante con la ambigüedad y más apremiante con la unificación. Con un KMT en horas bajas y desconcertado ante el ascendente reclamo de una identidad taiwanesa que merma sus posibilidades electorales, el PCCh pasa a priorizar los vínculos con sectores concretos de la sociedad de la isla. Empresarios taiwaneses en el continente, gobiernos locales y redes municipales, juventud, asociaciones profesionales, académicas y religiosas, plataformas digitales y narrativas dirigidas directamente a la sociedad taiwanesa, pasan a ser priorizadas.

Aun así, sin foro operativo, el PCCh preserva contactos políticos para escenarios futuros, especialmente por si el KMT vuelve al poder. Pero probablemente no confía en que el diálogo partidario pueda resolver la “cuestión de Taiwán”. El problema sustancial es que tras el proceso de democratizacion en Taiwán y el auge de un pluralismo efectivo, la función estratégica del KMT como intermediario se ha diluido, no es condición suficiente para que un arreglo entre partidos provea de una solución efectiva.

El KMT hoy no puede igualar el estatus del PCCh, cosa que hasta la democratización sí podía en virtud de un marco ideológico compatible (una sola China, aunque ambigua), la capacidad real de gobierno en Taiwán y la autoridad histórica como heredero de la China republicana. Por otra parte, el KMT de hoy puede hablar con el PCCh, pero no está del todo claro que ese diálogo le sea rentable electoralmente ante una sociedad reticente.

A mayores, en un contexto geopolítico definido por las tensiones crecientes entre EEUU y China, el KMT debe gestionar una compleja encrucijada: si se acerca demasiado a China continental, puede perder votos; si se acerca a Washington, pierde su singularidad estratégica frente al PDP. El PDP puede ser pro-EEUU sin complejos; el KMT, no. Su ambigüedad tradicional ya no es una virtud, sino que es denunciada por el indepentismo como motivo de sospecha.

En consecuencia, el KMT ya no logra capitalizar su relación privilegiada con Beijing porque su identidad como “puente” está en entredicho. El Foro KMT-PCCh, en ese contexto, es el recuerdo institucional de una época que dificilmente va a volver.

(Para Descifrando la Guerra)


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