El “agotamiento” de China, por Xulio Ríos

Interpretar la expectativa de crecimiento de la economía china del “4,5% al 5%” como expresión de síntoma de “agotamiento”, es un error. El objetivo de crecimiento de este año es el más bajo desde 1991, cierto, pero esta cifra no debiera leerse como señal de una crisis declarada asociada al “colapso” tantas veces anunciado, sino más bien como el reconocimiento de que el modelo de crecimiento sobre el cual China construyó su ascenso en las últimas décadas ha agotado gran parte de su impulso, un hecho que las propias autoridades reconocen desde hace más de una década.

Dicha cifra, por tanto, debe ponerse en contexto. Por partida doble. Primero, en las diferentes provincias y regiones autónomas se han formulado objetivos para 2026 con el promedio del 5,04%. Segundo, el reclamo a “mejorar en la práctica” es un llamado a los gobiernos provinciales y locales a gestionar su esfuerzo combinando cantidad y, sobre todo, calidad del crecimiento.  

Es probable que finalice este año situándose más cerca del 5 que del 4, pero a lo largo del XV Plan Quinquenal estaremos, probablemente, más cerca del 4 que del 5. Hoy por hoy, el 4,5 es el peor escenario posible atendiendo a las incertidumbres externas.

Esta no es la primera vez que China establece un objetivo basado en rangos en los últimos años. En 2016, fijó su objetivo de crecimiento entre el 6,5 % y el 7 %, y en 2019, entre el 6 % y el 6,5 %. El crecimiento real alcanzó el 6,8 % y el 6,1 % en esos dos años, respectivamente.

En cualquier caso, el horizonte que debemos contemplar es 2035, primer escalón de la trayectoria diseñada hacia el centenario de la fundación (2049). Para conseguir el objetivo de duplicar el PIB y los ingresos per capita de la población con respecto a 2020, el crecimiento en este periodo,  considerando una disminución anual proyectada de la población de aproximadamente el 0,20 % para 2035, no debe bajar del 4,17 por ciento. Ese es, en realidad, el baremo a tener en cuenta. Muy exigente, por otra parte.

No le será fácil.

En realidad, la reducción de la cifra de crecimiento no es un síntoma de agotamiento sino de firme compromiso con la transformación. El tiempo de perseguir una cifra alta se acabó, lo que ahora importa es el cambio estructural del modelo. Es decir, China prosigue con continuidad reforzada y flexibilidad ajustada el cambio de su modelo de desarrollo, con especial atención a aspectos como la innovación tecnológica, el desarrollo verde, la prosperidad común, etc., todo un entramado de políticas que trazan nuevos ejes de crecimiento configurando lo que llaman “economía inteligente” (AIPlus o robótica) o mediante la creación de “motores de innovación de clase mundial”.

Las líneas generales del XV Plan Quinquenal representan una apuesta por la tecnología como nueva columna vertebral de la economía, con la inteligencia artificial, los semiconductores y la robótica como sectores de vanguardia. Beijing se propone canalizar importantes recursos hacia estas industrias mediante una combinación de capitales estatales y privados orientados a través de las políticas centrales.

El énfasis paralelo en la revitalización rural, la nueva urbanización, el impulso a la demanda interna y, en sintonía, la mejora del bienestar (educación, sanidad, seguridad social, empleo) rubrican tal enfoque.

Las dos prioridades

El desarrollo de alta calidad asociado a la innovación representa el trazo principal de la estrategia china. No parece que este empeño sea signo de agotamiento; al contrario, le está situando en la vanguardia mundial en muchos ámbitos. Y no solo: también se acompaña de una implementación industrial y una incorporación a la agenda vital de los ciudadanos en un nivel que hoy no tiene comparación en el mundo.

El acento en la seguridad y la resiliencia advierte de la importancia de la estabilidad y la necesidad de estar preparados para dar respuestas rápidas y eficaces a situaciones inesperadas. En esto, la seguridad alimentaria, la energética (muy especialmente para reducir vulnerabilidades), pero también la de datos, financiera, etc., son aspectos a tener muy presentes. El hilo conductor es la reducción de la dependencia del exterior en sectores que se consideran estratégicos, como la tecnología, las materias primas y las infraestructuras.

Mientras EEUU o la UE relajan o abiertamente desechan el compromiso en la lucha contra el cambio climático, China mantiene la trayectoria y prevé una reducción total del 17 por ciento en las emisiones de dióxido de carbono por unidad del PIB entre 2026 y 2030, cuando debe alcanzar el pico máximo de emisiones de CO2.

En lo político, tras años de recentralización, el actual contexto invita a formular objetivos que los gobiernos a todos los niveles puedan acompañar con enfoques propios, alentando cierta autonomía en la adaptación de las tareas regionales.

Por tanto, lejos del agotamiento, interpretado a partir de una cifra aislada, el ajuste fino en una senda de continuidad, marca el rumbo de la estrategia de modernización china.  Lógicamente subsisten muchos problemas, baja demanda, crisis inmobiliaria, demografia, deuda local, restricciones a tecnologías, etc, pero la reorientación sigue inalterable su curso.

Que en el actual contexto global se apunte al 7% de crecimiento en defensa (por debajo del promedio mundial del 2,4 y tercera parte del de EEUU) es revelador igualmente de cuáles son las prioridades chinas y el signo determinante de su respuesta.

Hasta hace poco, muchos insistían en la necesidad de reducir el riesgo derivado de China. Hoy, ante la incertidumbre en sus relaciones con Estados Unidos,  los desafíos que plantea China parecen menos inmediatos que los sugeridos por la beligerancia de Washington. No se puede hablar de una recalibración equivalente a una alineación completa con China, pero la erosión gradual de la credibilidad estadounidense ha intensificado sus contactos de alto nivel con China en los últimos meses para explorar  enfoques alternativos para gestionar sus dilemas. En un entorno estratégico donde Estados Unidos es menos predecible, las previsiones chinas suponen un bálsamo de estabilidad.

En suma, el “agotamiento” no es un signo de debilidad, sino una estrategia deliberada que apunta a una transformación en profundidad del modelo.

(Para Rebelión)


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