Cuba, China y la solidaridad transformadora, por Xulio Ríos

Cuba vive horas difíciles. Más difíciles de lo habitual. La orden ejecutiva sobre las ventas de petróleo a La Habana del presidente estadounidense, Donald Trump, supone ya no solo embargo o bloqueo sino el inicio de una verdadera “guerra económica”, como ha señalado Luis René Fernández, del Centro de Investigaciones de Economía Internacional (CIEI), cuyo objetivo es  generar un deterioro social suficiente capaz de provocar una rebelión interna y, en última instancia, el anhelado “cambio de régimen”.

Al igual que otros países, China ha multiplicado las declaraciones en apoyo de Cuba. Citando la imposición de aranceles a los países que le venden petróleo, Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, señaló que China apoya firmemente a Cuba en la salvaguardia de su soberanía y seguridad nacionales y se opone a la injerencia externa. 

Días atrás, se anunció la entrega del primer lote de arroz del programa de asistencia alimentaria de emergencia de China a Cuba. El volumen total de la asistencia arrocera bajo este programa asciende a 30.000 toneladas.


Pero no es solo arroz. En la actualidad, China es uno de los principales socios comerciales de Cuba y una fuente clave de créditos, inversiones y cooperación técnica, especialmente en telecomunicaciones, energía, transporte y biotecnología. La relación se apoya en una visión compartida de soberanía, antihegemonismo y rechazo a las sanciones unilaterales, así como en el intercambio político-partidario entre el PCCh y el PCC. Para China, Cuba tiene un valor estratégico limitado pero alto valor político; para Cuba, China es un socio imprescindible en su estrategia de diversificación externa.

Las inversiones de China en Cuba abarcan sectores estratégicos como energía renovable, biotecnología, minería y logística, buscando reanimar la economía cubana pese a los impagos acumulados. China, a través de donaciones y proyectos de cooperación, apoya la electrificación rural y suministra tecnología, manteniendo un interés comercial a pesar de la renuencia a asumir mayores riesgos financieros directos. 

Los principales aspectos de la relación económica actual incluyen ámbitos como la energía y tecnología: China, por ejemplo, ha donado sistemas fotovoltaicos para el desarrollo de fuentes renovables en zonas rurales y suministra equipos para la infraestructura energética y de telecomunicaciones. También en biotecnología, con una colaboración estrecha en la investigación y comercialización de medicamentos, particularmente en el área de inmunoterapia del cáncer. En sectores estratégicos, el interés chino en minería, petróleo y el desarrollo de la infraestructura de turismo, con la reactivación de rutas aéreas, es otro rubro bien identificado. Por último, en comercio y deuda, se han reajustado acuerdos para enfrentar las deudas cubanas, con un enfoque en la venta de productos industriales, vehículos y la participación en la Feria Internacional de La Habana (FIHAV).

Aunque la situación económica de Cuba ha limitado nuevos grandes créditos, empresas chinas ven oportunidades de mercado, incluso incursionando en el naciente sector privado cubano. 

Un apoyo mutuo ab initio

Las relaciones entre China y Cuba se caracterizan por una afinidad política sostenida, un pragmatismo económico creciente y un fuerte simbolismo ideológico. Establecidas en 1960, fueron las primeras relaciones diplomáticas de China con un país latinoamericano, lo que otorgó a Cuba un lugar singular en la narrativa internacional de la RPCh. Durante la Guerra Fría, los vínculos atravesaron altibajos -especialmente tras la ruptura sino-soviética-, pero desde los años noventa se han estabilizado y profundizado.

El traductor e intérprete Yang Linchang me contó en una ocasión que acompañando a una delegación china de visita en Cuba, en un encuentro con el Ché, entonces ministro de Industrias, los especialistas chinos le pidieron permiso para explorar en profundidad los campos de petróleo que el gobierno cubano había intervenido (Texaco). El Che les dijo: “vean todo cuanto quieran”. Los conocimientos adquiridos le permitieron resolver múltiples problemas técnicos que habían encontrado en el campo petrolífero de Daqing, situado en Heilongjiang (noreste de China), la mayor base de producción terrestre del país, operado por CNPC. Descubierto en 1959, ha sido clave para la industria china.

Tras el establecimiento de relaciones diplomáticas el 28 de septiembre de 1960, la primera misión cubana de alto nivel a China fue encabezada por el Ché en noviembre de ese mismo año. Guevara fue recibido por Mao Zedong y Zhou Enlai, consolidando el apoyo chino a la Revolución Cubana y el inicio de la cooperación bilateral. 

A su regreso a Cuba, el Ché contaría la famosa anécdota de su encuentro con el Premier Zhou Enlai, cuando al trasladarle el agradecimiento de la dirección cubana por la “ayuda desinteresada china”, este último le aclaró que dicha ayuda no era desinteresada sino muy interesada en ayudar a la Revolución cubana en su desarrollo y en su defensa frente a la hostilidad del imperialismo estadounidense.

Solidaridad transformadora

Al igual que Vietnam, otro socio clave al que le une una profunda afinidad política, histórica y emocional, China ha promovido el compartir experiencias de reforma económica, apoyándose en un diálogo fluido entre los partidos gobernantes. Las similitudes entre la reforma y apertura china y vietnamita apuntaban a un triángulo virtuoso que, sin embargo, ha avanzado lentamente.  Muy lejos parece haber quedado aquel viaje de Raúl Castro a China en 1997 tras el V Congreso del PCC, que apuntaba a un rumbo decidido en busca de una mayor eficiencia y emulación sistémica.

China -y Vietnam- es consciente del significado simbólico de Cuba. Esta puede contar con su solidaridad, más allá de que las expectativas no puedan ser colmadas del todo. Para Beijing, aplicada a Cuba, la famosa máxima atribuida a Lao Tsé, “Si das pescado a un hombre hambriento, lo nutres durante una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda su vida”, tiene pleno sentido hoy día.  

Quizá sea este un buen momento para ensayar transformaciones internas que proporcionen respuestas para un futuro sostenible, estable y justo para Cuba. Las transformaciones de China o Vietnam pueden ser estimulantes. La adaptación cuenta hoy con un marco de referencia inexistente treinta años atrás. No solo es la capacidad de China, que es otra, sino también el BRICS Plus, del que Cuba forma parte. Para La Habana, complementar la resistencia y la solidaridad con la innovación sistémica, se antoja una cuestión crucial ante la probabilidad de un agravamiento de la crisis como constante estructural.

(Para Rebelión)


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